Rubén Aguilar Valenzuela

Historia
 
El teatro inicia su construcción en 1887 y se inaugura en 1890. Es uno de los ocho grandes teatros de la Cuba colonial junto con: Marina, Santiago (1823); Tacón, La Habana (1838); Milanés, Pinar del Río (1839); Brunet, Trinidad (1840); Principal, Camagüey (1850); Sauto, Matanzas (1863) y La Caridad, Santa Clara (1885).
 
Toma su nombre en honor de Tomás Terry y Adán (1808-1886), un hombre rico que tenía esclavos y era considerado como el gran zar del azúcar y el empresario más rico de Cuba. Había emigrado de Caracas, Venezuela. En 1863 ofreció 60 000 pesos al gobernador de ellos 50 000 para construir el teatro y 10 000 una escuela para niños pobres. El proyecto no se realiza.
 
En 1886, después del fallecimiento de Terry y Adán, arribaron a Cienfuegos, procedentes de París, última morada del magnate, sus hijos Francisco y José Emilio para distribuir entre los herederos la fortuna paterna y cumplir con el deseo de su padre: dotar a Cienfuegos, su segunda patria, de un teatro de lujo.
 
Decididos a cumplir la pretensión paterna, separan 115 000 pesos oro de la herencia para erigir el teatro, la mitad donada por Teresa Dorticós Gómez de Leys, viuda de Terry; y la otra parte por el resto de la familia. En diciembre de 1887 se coloca la primera piedra, se termina en 1889, pero es hasta febrero de 1890 que se inaugura. Esto para permitir la llegada, desde París de los hijos de Terry. El evento estuvo a cargo de artistas cubanos.
 
El teatro fue restaurado en 1965, declarado Monumento Nacional en 1978 y en 1984 tiene un importante proceso de restauración. En 2008, gana el Premio Nacional de Conservación, por los trabajos que se realizaron.
 
Por sus escenarios han desfilado artistas nacionales e internacionales como Sarah Bernhardt, Enrico Caruso, Ana Pávlova, Jorge Negrete, Alicia Alonso, Antonio Gades, Ernesto Lecuona, Rosita Fornés, Silvio Rodríguez, Luisa Martínez Casado, Arquímedes Pous y Juan Manuel Serrat, entre otros.
 
Edificio
 
El diseño del teatro salió a concurso y el jurado, que estaba en París, Francia, adjudicó la obra al ingeniero militar santiaguero Lino Sánchez Mármol. El pórtico tiene cinco arcos de medio punto y en la parte superior cinco ventanas rectangulares. En el remate de la fachada tres mosaicos de la casa veneciana De Salviati, alegóricos a las musas de la tragedia, la comedia y la música. El estilo es neobizantino.
 

 
El edificio tiene dos niveles: En el primero está el pórtico, el vestíbulo y locales anexos a ambos lados (cafetería y oficina); en el segundo, con acceso independiente por la calle San Luis, lo ocupa un salón rectangular y el teatro, que tiene planta tipo coliseo o a la italiana. Es una sala en forma de herradura. El público se sitúa en cuatro niveles viendo hacia el escenario.
 
La superficie dedicada a escena tiene 24 metros en la boca y 19 metros de profundidad y esta precedida por una embocadura trabajada al relieve, donde predomina el color dorado, con un expresivo mascarón que fue colocado en 1965 por el escultor Mateo Torriente, y representa el arpa como motivo relacionado con la música.
 
El escenario tiene cierta pendiente, lo cual propicia una mejor visibilidad. Se conserva todavía el sistema de tramoya y bambalinas empleado en su apertura, hace más de 130 años.
 
Las pinturas murales que adornan las paredes y techos se deben al artista filipino-madrileño Camilo Selaya Toro, quien radicaba en La Habana y fue también autor de la decoración del Teatro La Caridad de Santa Clara.
 
En el falso techo, al centro del teatro, el artista pintó 23 figuras alegóricas a la aurora, la risa, el llanto, los retratos de la poetisa Gertrudis Gómez de Avellaneda, el músico Gaspar de Villate y motivos florales.






















En el vestíbulo hay una escultura en mármol blanco de carrara de Tomás Terry.
 
Museo









En los pasillos alrededor de la sala del teatro hay fotografías y reproducción de periódicos de algunos de los personajes que han actuado en este recinto. En la fotografía Alicia Alonso. 
 
Comentario


El teatro tiene una historia peculiar. Es una donación privada de una familia cubana muy rica que vivía en París, Francia. Forma parte de un conjunto de teatros que se construyen en el siglo XIX todavía en la Cuba colonial. Se inaugura en 1890.
 
Es un edificio muy bello y señorial obra del ingeniero militar santiaguero Lino Sánchez Mármol. Es notable el mural en el plafón del techo del artista filipino-madrileño Camilo Selaya Toro, que también decoró el Teatro La Caridad de Santa Clara.
 
En 2008, los trabajos que se realizan en el edificio ganan el Premio Nacional de Conservación. El conjunto luce muy bien y el mantenimiento es muy bueno. Después de 133 años se conserva la construcción original. Desde 1978 es Monumento Nacional.