Rubén Aguilar Valenzuela 
De la directora alemana Julia von Heinz es la película Y mañana el mundo entero (Alemania, 2020). Cuenta la historia de Luisa (Mala Emde), joven que nace en el seno de una familia con dinero.

Ella, niña rica, estudiante de derecho, se rebela contra su familia y su posición de privilegio social. Empieza a reunirse con colectivos de jóvenes izquierdistas, que viven en departamentos ocupados (okupas).

Al igual que ella, estos activistas son jóvenes que proceden de familias de altos ingresos y que no necesitan preocuparse por su futuro. Lo tienen ya garantizado.

El movimiento en el que participan recurre a actos de protesta pacíficos, pero con el tiempo irán radicalizando sus métodos y termina adoptando la violencia.

Luisa se enfrenta a la disyuntiva de optar por la violencia como método de lucha, aunque pueda tener graves consecuencias para ella y sus compañeros.

Así, el tema central de la película es el debate si se debe o no utilizar la violencia como un instrumento legítimo de lucha. Están presentes consideraciones políticas y éticas.

La directora se inspira en su propia historia que cuando era estudiante en la década de los noventa se comprometió en la lucha antifascista.

Ahora la acción se sitúa en el presente en la pequeña población de Mannheim. El partido de la extrema derecha Alternativa para Alemania (AfD) abiertamente hace trabajo político.

En las concentraciones públicas que organiza lanzan consignas racistas y homófonas, que despiertan el entusiasmo entre sus militantes y seguidores.

El tema del avance de los neofascistas no solo es una realidad presente en Alemania sino en otros países de Europa, aunque en la película no hay referencia a este fenómeno.

La pregunta que está presente es: ¿La única posibilidad real de combatir la violencia es con más violencia? La directora deja la respuesta abierta y ella misma no se compromete.

El aborde que hace Von Heinz al tema más que una crítica social y política es la descripción de una realidad en la que ella misma se vio involucrada años atrás.

La directora hace uso constante de la cámara de mano, lo que le permite escenas de gran riqueza visual. La película adquiere un tono de documental.