Rubén Aguilar Valenzuela
La Habana, Cuba

El castillo junto con el sistema de fortificaciones de la ciudad y el casco histórico es parte de la declaratoria de 1982 como Patrimonio de la Humanidad de la Unesco.


Historia

La Habana se convierte muy pronto en punto estratégico del circuito comercial entre Europa y el Nuevo Mundo. En 1555 la ciudad es reducida a cenizas por el pirata Jacque de Sore. Entonces se plantea la necesidad de construir una nueva fortaleza, que sustituya a la primera que hubo.
 
En 1558 inicia la edificación del Castillo de la Real Fuerza, que se alza en el espacio que ocupó la primitiva plaza de la villa, frente al canal de entrada a la Bahía de La Habana. El responsable de la obra es el ingeniero Bartolomé Sánchez, que en 1562 es sustituido por Francisco Calona (1528-1607). Entonces la obra todavía está en los cimientos. El edificio se termina 19 años después.
 
A partir de 1588 se inician ampliaciones en la planta alta, destinadas a vivienda de los gobernadores y, hacia 1630, se agrega un piso a la torre sobre el ángulo del baluarte suroeste. Allí se colocó, como veleta, la Giraldilla, obra Jerónimo Martínez Pinzón, en honor a Isabel de Bobadilla y Peñalosa, la escultura fundida en bronce más antigua de Cuba, actualmente símbolo de La Habana.


 
 


Desde el origen la fortaleza tuvo como problema estratégico su ubicación geográfica. Por estar muy adentro del canal de entrada de la bahía, no cumplía con su objetivo: disuadir y proteger a la ciudad del ataque de corsarios, piratas y enemigos de la corona española. En 1762, a pesar de eso, la fortificación resistió el castigo de la artillería inglesa ubicada en la elevación de La Cabaña, y funcionó, junto con el Castillo del Morro, como baluarte defensivo.
 
El conjunto sirvió como residencia de los capitanes generales y gobernadores de Cuba y también para guardar el oro, la plata y otras mercancías de valor en tránsito hacia España. Después de 1762, al retomar la metrópoli el dominio de la ciudad, el castillo acuarteló la tropa de la plaza. Durante la Guerra de los Diez Años (1868-1878), se convirtió en Cuartel del Cuerpo de Voluntarios de La Habana.
 
  
En 1899, el gobierno interventor norteamericano ordenó trasladar el Archivo Nacional a la fortaleza, donde estuvo hasta 1906. A partir de entonces se utiliza como cuartel de la Guardia Rural y, desde 1909, lo ocupó la jefatura de ese cuerpo. El Estado Mayor del Ejército utilizó el edificio hasta 1934 y, al siguiente año, se instaló allí el Batallón Número Uno de Artillería del Regimiento Siete, Máximo Gómez.

Entre 1938 y 1957, el castillo albergó la Biblioteca Nacional. Después del Triunfo de la Revolución Cubana en 1959, la planta alta dio cabida a la Comisión Nacional de Monumentos y luego al Centro Nacional de Conservación, Restauración y Museología, mientras que en la planta baja se ubicó el Museo de Armas. Desde 1990 hasta el 2005 acogió al Museo Nacional de la Cerámica y ahora es el Museo Castillo de la Real Fuerza.

 

 


Edificio
 

 
En el origen es una estructura renacentista del siglo XVI. La planta es un cuadrado dividido en nueve partes iguales que rematan en cuatro bastiones regulares, o cuatro cuadrados concéntricos, el primero de los cuales es el patio.
 
Los baluartes se construyeron con las técnicas, entonces, más avanzadas para el uso de los cañones y resistir, mediante gruesas paredes, las balas. Alrededor cuenta con una fosa limitada por el muro perimetral. Hay un puente levadizo.
 
A pesar de deficiencias de diseño como un patio pequeño, troneras muy abiertas, ausencia de escaleras para acceder al piso superior, foso poco profundo y deficiente artillería, la fortificación sirvió de modelo de otras que luego se levantaron en el continente americano entre los siglos XVI y XVIII. Los errores constructivos con el tiempo se fueron corrigiendo.

Museo
 

 
El edificio es sujeto de una profunda restauración por parte de la Oficina del Historiador de la Ciudad y otras instituciones. En 2008 se inaugura el museo, que cuenta con una sala monográfica con una maqueta de la fortaleza, que ilustra su evolución constructiva con base a un plano de 1691.

Se exhiben objetos del siglo XVI al XVIII relacionados con el castillo, que se encuentran en las excavaciones realizadas en el edificio. Se muestran los antecedentes de la navegación en el área del Caribe y la historia de las construcciones navales en Cuba desde el siglo XVII.
 

 
En otras salas se pueden ver instrumentos de navegación y diversos modelos navales como el del trasatlántico español Juan Sebastián Elcano (1926) y el del Santísima Trinidad, botado al mar en el Real Astillero de La Habana en 1769 y bautizado con el sobrenombre de El Escorial de los Mares. Aquí se puede ver la escultura original de la Giraldilla. 
 


 
Comentario
 

 
Lo más notable del museo es el edificio, un modelo de ingeniería militar defensiva de la corona española. El edificio original es del siglo XVI, de estilo renacentista, y continuó siendo objeto de modificaciones en los siglos XVII y XVIII. A lo largo de sus 465 años nunca ha dejado de utilizarse.

La museografía del museo es buena y hay salas que lucen mucho, por las características del edificio, pero no hay piezas particularmente importantes o significativas. Esto sin dejar de apreciar lo que se exhibe, que da idea, a través de objetos y fichas técnicas, de la ingeniería militar y el desarrollo de la navegación en el Caribe en particular en Cuba.