Rubén Aguilar Valenzuela
De Alejandro González Iñárritu (Ciudad de México, 2022) es Bardo: Falsa crónica de unas cuantas verdades (México, 2022) una película de corte autobiográfico, que no es una biografía.
 
Es, en palabras del director, una autoficción donde la inspiración, que está detrás de la historia, es su propia vida, de manera particular el hecho de haberse mudado a California con su familia hace 21 años.
 
"Dejar tu país atrás viene con esperanzas y planes para el futuro, pero inevitablemente con incertidumbre, contradicciones y paradojas", afirma sobre su propia experiencia.
 
En el esfuerzo de entender lo que se propone la película es necesario entender qué significa "bardo". En el budismo tibetano es el "estado intermedio" entre la muerte y la reencarnación, espacio donde se experimentan visiones sobre la vida que se deja detrás.
 
Permite vivir experiencias de lo que espiritualmente se es capaz, que proceden a las alucinaciones aterradoras que surgen de los impulsos de las acciones torpes anteriores.
 
Para una persona entrenada, el bardo ofrece un estado de oportunidad liberadora, ya que la percepción trascendental puede surgir con la experiencia directa de la realidad.
 
De esta obra el director ha dicho que "es una película en donde no hay nada que entender. Si entras con el piloto automático de demandar lógica, razón, verdad, cronología, estructura, te vas a pelear con la película. Invito que la gente desconecte esa parte racional, que no vaya con la mente que piensa, sino con la mente que sabe, con el corazón".
 
La historia en sí misma no es complicada y cuenta la vida de Silverio Gama (Daniel Giménez Cacho), un documentalista que hace 20 años deja México, su país natal, para desarrollar una exitosa carrera profesional en el extranjero.
 
De regreso a su patria entra en una etapa de reflexión y autocrítica en la que se enfrenta a temas como ser un migrante de élite, su relación de pareja, sus hijos, el éxito y la condición en la que se encuentra su país.
 
Lo original y también lo difícil de la película es el tratamiento de la historia. Se ofrecen diálogos e imágenes que parecen no tener forma, que se mueven en el espacio del sueño y del inconsciente.
 
La realidad se desvanece, deja de ser algo concreto, que se pueda tomar entre las manos, pero es, aunque de otra manera. Hay un ir y venir entre el recuerdo y la realidad, pero también está presente lo que se piensa es, aunque no lo sea. Son espejismos.
 
Dice el director que "los sueños, como el cine, son reales pero no veraces. En ambos, el tiempo es líquido. Sí, de ahí viene el nombre 'falsa crónica de unas cuantas verdades'. Hay verdad en los pensamientos que Gama tiene sobre su vida, en las emociones que lo han hecho sentir, pero no podemos fiarnos de nada de lo que ocurrió".
 
El bardo, el limbo, el "estado intermedio", cada uno de los integrantes de la familia lo vive de manera diferente. Lucía (Griselda Siciliani), la esposa, en el espacio de duelo permanente por la pérdida de un hijo al nacer, que lo "mantiene" al quedarse con las cenizas.
 
Su hijo, Lorenzo (Íker Solano) y su hija Camila (Ximena Lamadrid) se fueron de México cuando eran niños y crecieron y estudiaron en Estados Unidos por lo que al regresar a su país de origen ya no se reconocen en él. Viven en una situación ambigua e indefinida; no son de allá pero tampoco de acá.
 
Es una película difícil que exige una gran atención y mientras transcurre, uno no puede dejar de hacerse preguntas sobre lo que se está viendo. El ir y venir entre la realidad y los sueños, entre lo que fue y ya no es, entre las contradicciones reales y aparentes, atraen la mirada y la mente.
 
Después de que la película se proyectó en el Festival de Cine de Venecia, el crítico de cine The Guardian la describió como una "crisis existencial escandalosamente narcisista". Más de un crítico profesional coincide en señalar que se trata de una gran película, pero que no deja de ser autocomplaciente.
 
Se reconoce que es una película compleja bien construida y con un estilo muy propio. Alguno la considera una muy buena construcción felliniana, pero insiste en el narcisismo del director. Otro crítico reconoce y advierte que la película no está hecha "pensando en el marcado. Es una película: para él, por él y sobre él".
 
Para mí es una película muy bien construida, de un gran formato cinematográfico, habla del oficio y la creatividad. Es una propuesta poderosa. La veo como una reflexión lúcida y una abierta autocrítica. No veo donde está la autocomplacencia y el narcisismo. Si, como una manera de hacer un recuento profundo de la vida, que ofrece luces y sombras como es toda existencia humana. Es nuestra condición.
 
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Bardo: Falsa crónica de unas cuantas verdades
Título original: Bardo: Falsa crónica de unas cuantas verdades
Producción: México, 2022
Dirección: Alejandro G. Iñarritu
Guión: Alejandro G. Iñarritu y Nicolás Giacobone
Fotografía: Darius Khondji
Música: Bryce Dessner
Actuación: Daniel Giménez Cacho, Griselda Siciliani, Ximena Lamadrid, Iker Sánchez Solano, Hugo Albores, Andrés Almeida, Mar Carrera, Daniel Damuzi, Camila Flamenco, Fabiola Guajardo, Francisco Rubio, Grantham Coleman y Luz Jiménez.