Rubén Aguilar Valenzuela
La franco-libanesa Danielle Arbid dirige y hace el guion de Pura pasión (Francia, 2020) con base en la novela homónima de la francesa Annie Ernaux (1940), Premio Nobel de Literatura 2022.
Ernaux escribe la novela en 1991, con claros rasgos autobiográficos, y la historia, en esta y en la película, se narra a partir del diario que escribe en el tiempo de su relación con un hombre que la obsesiona.
La directora ubica los hechos en el espacio y la tecnología del día de hoy, los de la novela se sitúa en la década de los setenta del siglo pasado.
Hélène (Letitia Dosch) es una profesora de literatura, que hace su tesis doctoral, divorciada y con un hijo adolescente, Paul (Lou-Teymour Thion), que vive con ella.
En una fiesta conoce a Alexander (Sergie Polunin) un hombre menor que ella y de inmediato queda prendada de él. Lo desea y está dispuesta a todo por tenerlo en su cama.
Alexander, que es un diplomático del consulado de Rusia en París, está casado y vive con su esposa. En cualquier momento puede ser trasladado a otro destino.
La novela y la película, que pone imágenes visuales a las escenas descritas en el texto, tratan sobre la obsesión y hasta donde ésta puede llevar.
Hélène en su pasión desbordada no piensa más que en el amante y todos los días está a la espera que le llame, para rencontrarse y hacer el amor.
Al momento de irse ya empieza el deseo del próximo encuentro. La espera de la siguiente llamada telefónica marca las horas y los días.
El tiempo que transcurre entre una y otra llamada, que siempre se traduce en un encuentro, se vive como agonía.
Las largas escenas de sexo no son eróticas, sino angustiantes. Ella en su obsesión depende solo de él y del tiempo y espacio que le quiera dar.
Ella lo sabe, se asume en medio de la locura, pero quiere vivir a plenitud su deseo y obsesión. Está dispuesta a pagar los costos de una pasión que le da vida.
Hélène no es una víctima de Alexander sino de sí misma. Ella es el sujeto activo del deseo en la conciencia de que es ella la que depende de él. La pasión lo justifica todo.
El sujeto del deseo desaparece sin decir nada y ocho meses después se hace presente con una llamada. Estoy aquí y quiero verte. Ella accede.
Después de tener sexo con él dice: "Cuando le volví a ver, ya no se parecía en nada al Alexander que había conocido. El hombre al que amé había desaparecido para siempre".
Esa pasión se ha terminado. Se vivió a todo lo que podía dar, pero llegó a su fin como ocurre con toda fantasía. Hélène la quiso vivir, fue su decisión.
La escritora de la novela la Pura pasión dice: "No quiero explicar mi pasión, sino sencillamente exponerla".
La crítica especializada dice de la directora que logra trasmitir la pasión de su personaje en un aborde perturbador, intrigante y lleno de matices.
Hay un reconocimiento unánime a la fotografía de Granel y sobre todo a la actuación de Letitia Dosch, que imprime al personaje múltiples facetas en el marco del relato de su pasión sexual.
Se puede ver en Netflix.
Pura pasión
Título original: Passione simple
Producción: Francia
Dirección: Daniele Arbid
Guion: Daniele Arbid
Fotografía: Pascale Granel
Actuación: Letitia Dosch, Sergie Polunin, Caroline Ducey, Lou-Teymour Thion (...)


