Rubén Aguilar Valenzuela
Maní, Yucatán
Toponimia
El nombre del lugar viene de la palabra maya Maní que significa "Lugar donde todo pasó" o de la palabra maya Manik que el día del calendario maya relacionado con el venado.
Historia
Después de la fundación del Convento Grande de Mérida, el adelantado Francisco de Montejo, conquistador de la península, pide a la Orden de Frailes Menores (OFM) que funden el convento de Maní. Lo hacen en 1549. Es el tercer conjunto conventual que levanta la Provincia de San José de Yucatán.
Las condiciones del sitio eran muy buenas. El dirigente maya, y la numerosa población que se encontraba bajo su mando eran aliados de los españoles. Esto daba garantías de que los frailes realizaran su actividad evangelizadora con tranquilidad. Además, era una zona densamente poblada.
Es un diseño del arquitecto fray Juan de Mérida. Fray Bernardino de Lizana dice que el conjunto "se hizo todo en siete meses porque andaban en la obra seis mil indios". Eran del grupo maya xiues.
Miguel Ángel Bretos afirma que la construcción (convento, iglesia, atrio, escuela y hospital) "tomó un total de siete años", pero "no todos los componentes se construyeron al mismo tiempo o al mismo ritmo".
Si bien la cantidad de indígenas podría considerarse un tanto exagerada, de acuerdo con el mismo autor, no hay duda de que la mano de obra operó con enorme rapidez y eficacia. Es tema de estudio la manera como se organizó el trabajo indígena.
En 1554, siendo guardián del convento fray Antonio de Baldemoro, se comenzó la construcción de una noria. En esa época había entre cuatro y seis frailes que atendían a las poblaciones vecinas.
Este convento está construido sobre un antiguo mul maya (vestigios) que fue nivelado y cubierto hasta ser enterrado, la estructura prehispánica solo se utilizó́ como la plataforma del nuevo edificio religioso.
El convento fue el primero en ajustarse a los criterios de tamaño, diseño, disposición y ornamentación que los franciscanos tendrían en cuenta para las edificaciones de la tercera etapa constructiva en el resto de la Nueva España, que ha sido estudiada por George Kubler.
Aquí en 1562, fray Diego de Landa, el obispo franciscano de Yucatán realiza el Auto de Fe en el cual se destruyen miles de imágenes prehispánicas y cientos de códices mayas. Un acto de barbarie del cual después se arrepintió.
El pretexto de esta terrible acción, con múltiples y trágicas consecuencias, fue la información que recibió del guardián del convento de Maní, fray Pedro de Ciudad Rodrigo, de que se habían encontrado, prácticas religiosas clandestinas de los ritos antiguos mayas.
Landa ordenó la tortura pública de indígenas en su mayoría pertenecientes a la elite y a quienes consideraba como apóstatas. Fueron atados de manos y pies, azotados o avergonzados públicamente. Y también la quema de códices y la destrucción de esculturas de dioses mayas.
A partir de 1570 ya no acudió el mismo número de indígenas a la guardianía de Maní. Los pueblos que atendían se van convirtiendo en cabeceras que se hacen cargo del trabajo evangelizador.
En 1576 se funda el convento de Tekax, el de Oxcutzcab en 1581 y el de Ticul en 1591, los tres habían sido vista de Maní.
Todavía para 1582, se conservaban las visitas de Mama, Kantemo, Dzan, Panabchén, Muna, Teabo, Tekit, Tiek y Yaxá. Sumaban 7,591 habitantes a los que atendían cinco franciscanos.
Ya en ese tiempo las dimensiones del convento resultan grandes para el número de la población indígenas que había disminuido a causa las epidemias registradas a mitad del siglo XVI y porque los pueblos de vista levantan sus propios conventos.
Para el 23 de septiembre de 1588, fecha en que el comisario general franciscano fray Alonso Ponce visitó el convento y dice: "El convento de Maní está acabado, con su claustro alto y bajo, dormitorio, celdas e iglesia; todo en cal y canto y la iglesia de bóveda con su capilla de lo mismo y algunos lazos de cantería; tiene una bonita huerta (...) y riégase todo con el agua que se saca de otra noria que está en la misma huerta. Los indios tienen una ramada grandísima y muy vistosa de más de doscientos pies de largo y ochenta de ancho; en esta tienen, arrimada al convento, su capilla, hecha de cal y canto y de bóve-da, con algunos lazos, y a ésta llaman San Francisco (...) Aquella ramada está sobre un patio cuadrado, en que hay muchos naranjos puestos por orden y cuatro capillas, en cada esquina la suya. Dentro de este patio, arrimada a la iglesia, está la escuela de los indios, la mejor de toda aquella provincia, de donde más y mejores cantores salen, porque tienen renta para los maestros y fiscales y así se tiene todo en muy gran cuidado. Para el servicio de esta escuela hay otra noria dentro della, de donde llevan encañada agua a una pila que está en el patio de una iglesia, para que la beba la gente en las Pascuas y otras fiestas solemnes en que hay concurso de indios".
En 1588, en el conjunto conventual ya estaban todos los elementos arquitectónicos característicos de los conventos mendicante del siglo XVI: un gran atrio rectangular, capillas posas, capilla de indios, iglesia principal, portal de peregrinos, convento y huerta. En el caso de Maní también escuela.
- Siglo XVII
A lo largo del siglo el convento sufre modificaciones cuando se colocan en los muros de la iglesia una serie de retablos que se conservan hasta nuestros días. El principal, dedicado a san Miguel Arcángel, sustituyó la pintura mural que originalmente estuvo en el altar.
Los nichos que guardan las imágenes en el resto de los altares dedicados a san Antonio, la Virgen de la Luz, la Asunción, la Pasión, santa Lucía y la Sagrada Familia, fueron tallados en los mismos muros de la iglesia y posteriormente se le adosaron los componentes propios de los retablos, tales como las columnas, los relieves y las pinturas de caballete.
Para 1630 el guardián del convento fray Cristóbal de Rivera, inicia la construcción de una iglesia de tres naves para los indios, pero no se termina porque este se enferma. Con esta construcción los caciques de Maní intentaron reafirmar la grandeza que alguna vez habían tenido, pero no lo logran.
En el siglo XVII se construyen los complejos conventuales de Muna y Teabo (1609) y Mama (1612). Para mediados del siglo las únicas visitas que quedaban a Maní era Dzan, Tipikal y Chapab.
Desde el siglo XVI el culto a la Virgen de la Asunción es de gran importancia en Yucatán, particularmente en Izamal, donde existe el santuario principal. Es a partir de 1648 que el culto mariano se generaliza y adopta en muchos pueblos. En ese año la marea roja, la sequía, la peste y el hambre azotaron a Yucatán.
- Siglo XVIII
Hacia 1730, durante la administración del guardián Zevallos, se realizan varias modificaciones, como la reducción de los portales del convento, la construcción de la capilla del Santo Rosario, en el lugar del bautisterio, y el cambio del coro de madera por uno de mampostería .
Son cambios de carácter estético, que se proponían aplacar el descontento generado por la pérdida de la importancia del asentamiento frente a los otros ya mencionados. Las crónicas religiosas dan cuenta de la muerte de algunos frailes que aquí trabajaron y fueron enterrados en el cementerio que se encontraba junto al huerto, por lo que sabemos de su existencia.
- Siglo XIX
El convento de Maní fue secularizado en 1821. Después de esta fecha sólo continuó funcionando la iglesia. A su paso por Maní, Stephens reporta el estado de conservación del convento: "(...) construidos sobre las ruinas de otra raza, les ha llegado también su turno de hallarse vacilantes y próximos a convertirse en cabal ruina. El convento tiene dos pisos con una vasta galería que le circunda pero las puertas están rotas, las ventanas son unos cóncavos, el agua penetra en las habitaciones y el piso interior está cubierto de hierbas".
- Siglo XX
En 2003, el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) restauró los retablos y se renovaron los aplanados e inyectaron las grietas de los muros. El exterior de la bóveda fue tratado con una mezcla de calarena bruñida para evitar filtraciones; las puertas elaboradas en madera dura, todas originales, fueron despojadas de lacas y barnices mal aplicados en el pasado para devolverles su color primario, aplicándoles un protector contra el agua y el sol que no altera su apariencia.
En 2008, empezó un nuevo proceso de restauración que se realizó con recursos del gobierno de Yucatán, la Fundación Pedro y Elena Hernández, y el World Monuments Fund. El arquitecto José Antonio Vega Rangel, perito del Centro INAH Yucatán, fue el asesor académico y de la normativa.
La primera etapa de la restauración concluyó con la integración de un sistema de iluminación, no lesivo ni invasor del monumento. La fase posterior, para la que aún no se determina fecha, contempla la restauración la capilla abierta, el convento y la recuperación de la pintura mural de sus muros interiores.
Descripción:

- Atrio
Tiene forma cuadrangular y una superficie de 7,268 metros cuadrados. Está delimitado por un pretil de mampostería. Se accede por una escalinata, porque está a un nivel más alto que la calle.
- Capillas posas
En un origen hubo cuatro capillas posas, pero ahora solo queda una. Está en la esquina noreste del atrio. Es de mampostería con techo abovedado.
Mide seis metros de alto por cuatro metros de ancho. Tiene dos accesos de arco de medio punto de dos metros y medio de alto. En el interior hay un nicho cuadrangular orientado hacia el sur que mide un metro cuadrado.

No conserva restos de pintura mural y está pintada de color anaranjado como el resto del conjunto. La barda atrial se interrumpe para dar lugar a la capilla. Delante de ella corre un empedrado que forma un pasillo, que en otro tiempo la comunicó con las capillas hoy desaparecidas.
Esta capilla posa, junto con una en Motul y las cuatro de Izamal, son las únicas que se conservan en los conjuntos conventuales yucatecos. Las capillas posas de Maní dejaron de utilizarse desde el siglo XVI o en el transcurso del siglo XVII.
- Capilla abierta

Se dedica a san Francisco y es la más grande de las construidas en Yucatán, que da cuenta de la gran población indígena que aquí vivía. La ramada muy grande a la que en 1588 se refiere fray Alonso Ponce dejó de existir y dio lugar a la estructura que ahora vemos.
Es un gran arco de medio punto y en su interior no se conservan restos de pintura y tampoco hay nichos. La capilla cayó en desuso en la medida que la población disminuyó a lo largo del mismo siglo XVI.
- Portal de peregrinos

El portal de peregrinos, a un lado de la capilla abierta, tiene dos arcos de medio punto. En la parte superior otros dos arcos en una terraza o especie de logia.
- Iglesia

Exterior
La fachada - portada que ahora vemos se construye en el siglo XVII. Tiene cuatro elementos. El primero es la portada propiamente tal que es un arco de medio punto flanqueada por pilares que sostienen un friso y cornisa. El segundo la ventana del coro de forma rectangular en medio de un marco de cantera. El tercero un nicho con una escultura de san Miguel, el patrono de la iglesia. El cuatro un frontón triangular que al centro, en la parte superior, tiene una cruz.
A los lados de la fachada - portada dos torres espadaña iguales que tienen dos niveles. En el primero dos arcos de medio punto alargados y en el segundo solo uno. El frente, como todo el conjunto, está pintado de anaranjado quemado.
Interior

La planta es de una nave con techo de bóveda de cañón corrido. El techo del presbiterio tiene nervadura gótica y el altar mayor. Hay cuatro capillas: Sagrario, Santo Sepulcro, Las Ánimas y el Bautisterio. Están techadas con bóvedas de cañón más bajas que la bóveda de la nave. Sobre los muros laterales hay seis altares barrocos. El coro se añade a la iglesia en el siglo XVIII.
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Atrás del altar mayor se encontró un fresco con la imagen de san Miguel Arcángel obra del siglo XVI. El retablo mural tiene dos nichos: uno con san Miguel Arcángel y el otro a san Francisco de Asís recibiendo los estigmas. La pintura se ejecutó́ en colores rojo, azul y negro. (No lo vi).

El altar mayor tiene tres cuerpos y un remate. En el primero, de menor dimensión que los otros, hay tres calles, que se separan por columnas. En la central el sagrario y en las laterales imágenes en alto relieve. En el segundo cuerpo tres calles con nichos con imágenes. En la del centro la Virgen. En el tercer cuerpo también tres calles con nichos e imágenes. En la del centro san Miguel Arcángel. En el remate, que es un rectángulo coronado con un frontón triangular, hay una imagen.
Uno de los altares en las paredes laterales.

Uno de los altares en las paredes laterales.
Los altares en las capillas y en los muros laterales de la nave de la iglesia son barrocos del siglo XVII y XVIII. Son de muy buena factura. Cada uno es una obra de arte distinta. La estructura básica es un solo cuerpo con tres calles divididas por columnas de muy diversa forma.
- Convento


El convento tiene claustro alto y bajo. En ambos hay dos arcos de medio punto por lado, que se sostienen en columnas de piedra. Los del claustro bajo son más grandes que las del alto. El patio, que está empedrado, forma, un cuadrado.
- Murales
Hay murales de distintas épocas en el techo y el muro del presbiterio de la iglesia, en las capillas y en la antigua y nueva sacristía. Y también en el claustro bajo del convento.



- Pozo y huerta
En Maní (1549), el pozo tiene una profundidad de 25 metros. El brocal es rectangular, hecho de mampostería. El hueco que aloja a la rueda vertical es de 1.2 metros por 2.5 metros. Adosado e interconectado al brocal está un registro de mampostería que recibe el agua que extrae la maquinaria y la envía por un canal de conducción subterráneo que la lleva hacia el tanque de almacenamiento.
Actualmente el brocal y la maquinaria se encuentran cubiertos por una palapa con estructura de madera y cubierta de palmas de huano.
Hasta hace unos años el terreno que ocupaba el huerto era un baldío, al que una vez que se practicó una limpieza general se logró sembrar de árboles frutales y arbustos, que siguen cumpliendo con su función.
- Escuela de indios
La escuela se conectaba con la iglesia por medio de una puerta lateral que mira hacia el sur, construida por un arco de medio punto flanqueado por pilastras y rematado con un escudo de la orden de san Francisco labrado en bajorrelieve. De esta no se conserva nada.
Cuando se menciona que fray Pedro de Gante fundó la primera escuela de doctrina en Texcoco se dice que fray Juan de Herrera hizo lo propio en Campeche, Mérida y Maní. La información es escasa, pero en este caso existen datos precisos con la descripción del sitio exacto donde estuvo.
Se conservan textos de solicitudes de los frailes a los caciques de los pueblos en Yucatán para construir "en torno a los monasterios, casas (como las) que cada pueblo hacía para los hijos suyos", para que funcionaran como sede de las escuelas de doctrina donde los hijos de los principales eran internados para aprender la doctrina cristiana.
Fray Juan de Herrera, entonces encargado de la evangelización de los indígenas de Maní, "(...) enseñó a cantar a los indios, les impuso caracteres castellanos en las manos y les enseñó la doctrina". Aquí hubo un internado para los niños de los caciques que se formaron como ah cambezah (maestros de doctrina) y también como ah tsib (escribanos).
El aprendizaje de los caracteres latinos le dio la oportunidad, a esta nueva generación, de escribir documentos de tradición indígena como claramente los Chilam Balam), hacer sus propios registros de bautizos, matrimonios y defunciones, y elaborar diferentes tipos de solicitudes a las autoridades españolas.
Comentario
Del texto de María Guadalupe Suárez de Castro transcribo las siguientes ideas:
- La construcción de Maní presenta cuando menos dos etapas. La primera inicia en 1549, tuvo una duración de siete años y durante ella se realizó la obra principal constituida por el atrio con sus capillas, la escuela, la iglesia, la capilla de indios, los portales y el claustro.
- La segunda tiene lugar en el siglo XVIII, cuando se amplía la nave de la iglesia y se hace la actual fachada. Existen otros componentes que fueron trazados originalmente, como la noria y las caballerizas, que se construyeron en periodos distintos a los de ambas etapas. Es importante mencionar que a pesar de haber sido construido el convento con tal rapidez, esto no obedeció necesariamente a la pronta conversión de los señores indígenas al cristianismo, sino a la manera que éstos tenían de organizar el trabajo de sus gobernados en vísperas de la conquista española, la cual perduró en la medida en que contaron con un gran número de población que controlar.
- Los componentes arquitectónicos del convento de Maní solucionaron las necesidades de los frailes y cumplieron con una función determinada en su momento, pero en la medida en que el proceso evangelizador avanzó hacia la fundación de conventos en otros pueblos, su población disminuyó y sus elites se cambiaron a Oxcutzcab o se refugiaron en regiones no conquistadas. La gran obra arquitectónica quedó grande, se descontinuó su uso y partes del edificio se derrumbaron.
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En el convento de Maní están presentes todos los elementos de la arquitectura conventual del siglo XVI en la Nueva España. Pare el caso a la manera como los frailes constructores de la Provincia de san José de Yucatán, de la Orden de Frailes Menores (OFM), utilizaron los materiales propios de la región, que son distintos a los del centro de México.
El conjunto con su gran atrio, la capilla abierta, la capilla posa, el portal de peregrinos, la fachada de la iglesia, el claustro del convento y los altares barrocos del siglo XVIII constituyen una gran obra de la arquitectura de la Nueva España. Es de gran fuerza y belleza.
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- Visitas
- 1977; 2022 (agosto con Sebastián)
- Fuentes consultadas
- Apuntes de las visitas.
- Suárez de Castro, Maria de Guadalupe, El convento de Maní, Yucatán en 1588, Boletín de Monumentos Históricos / Tercera Época, Núm. 31, mayo – agosto 2014. INAH.
- Román Kalisch, Manuel Arturo, La edificación de conventos franciscanos en el siglo XVI en Yucatán, Palapa, vol. IV, núm. II, julio-diciembre 2009, Universidad de Colima.
- Román, Kalisch, Manuel Arturo, La construcción de norias conventuales en Yucatán, 1546-1612, Boletín de Monumentos Históricos | Tercera época, núm. 35, septiembre-diciembre 2015, INAH.


