Rubén Aguilar Valenzuela
El sudafricano J. M. Coetzee (1940), Premio Nobel de Literatura 2003, publica Las vidas de los animales (Grijalbo, 2004) en 1999.

Reúne una serie de conferencias pronunciadas en el marco de la Cátedra Tanner (1997-1998) en la Universidad de Princeton, Nueva Jersey, Estados Unidos.

Las presentó como intervenciones de Elizabeth Costello, creación suya, que es una novelista de setenta años, que recorre el mundo impartiendo conferencias, para el caso en una universidad de Estados Unidos.

La protagonista no admite que las personas se hagan las tontas, que ignoren, el trato que se da a los animales en granjas y laboratorios.

El sufrimiento que se les imprime lo compara con crímenes entre seres humanos. Es un acto cruel e inhumano.
 
Los humanos infringen una brutal violencia de carácter industrial contra los animales, como en ninguna otra época de la historia.

La escritora compara a los campos de exterminio nazi con lo que hoy hace la industria con la matanza de animales. Sus tesis son radicales.

Tiene fuertes y arraigadas convicciones morales. No a lugar a relativizar el comportamiento humano. Se actúa conforme a una ética personal y pública.

En la primera de las conferencias, Los filósofos y los animales, Costello evade dos problemas de la filosofía con respecto a los animales: si poseen alma o si son autómatas biológicos.

Y también el problema ético de si ellos tienen derechos o solo los seres humanos los tenemos y en relación de eso podemos disponer de los animales como queremos. 

La autora no filosofa, porque la razón dice, solo muestra el modo humano de ver el mundo. Desde la razón se descalifica todo aquello que no sea "razonable". 

Para Costello antes de la racionalidad está la "sensación de ser", que se vuelve superior a esta. Afirma que todavía son incipientes los pasos que se han dado para comprender la realidad de la vida animal.

El sueño de que un día los hombres y los animales coexistan como iguales está lejos. La compasión y no la razón es la clave. Supone ver al otro, como si fuera yo incluido a los animales. La compasión dota de sentido al quehacer humano. 
 
En la segunda conferencia, Los poetas y los animales, discrepa con el ecologismo y la filosofía, porque su visión del animal se funda en la idea que entre todas las criaturas solo la persona humana es la que entiende lo que pasa.

Ella tiene un debate con un profesor de filosofía, que rechaza que el animal pueda gozar de derechos legales, pero reconoce  que se pueden establecer normas para regular nuestro trato con ellos.

Costello sostiene que todos los seres vivos están igualmente dotados para hacer "su vida". El filósofo plantea que hay una diferencia fundamental entre ellos y nosotros: la conciencia de la muerte.

La novelista admite que a la lucha del animal por su propia vida le falta la dimensión intelectual, pero eso no significa que no sienta temor hacia la muerte.

Para concluir Costello apela al cristianismo, para entender el mundo de los animales. El Evangelio no es simplemente un texto. La senda adecuada es Cristo en lugar Grecia. El corazón y no la razón.

El Premio Nobel expresa sus convicciones a través de la literatura. Construye una historia fascinante, llena de argumentos racionales, emocionales y éticos, sobre las relaciones entre el hombre y los animales.

Las vidas de los animales
J.M. Coetzee
Grijalbo Mondatori
México, 2004


Edición original: The Lives of Animals, Princeton University, 1999.