Rubén Aguilar Valenzuela En 1958, el dramaturgo y novelista irlandés Samule Beckett (1906-1989) escribió el monólogo La última cinta de Krapp. En 1969 ganó el Premio Nobel de Literatura.
La obra cuenta la historia de Krapp que desde hace más de 30 años graba en cintas su vida, para dejar registro de ella. Al cumplir los 69 años, decide escuchar la grabación del día que cumplió 39 años.
En la libertad donde lleva anotado el orden de las cintas, encuentra donde está la de esa noche. En la obscuridad de un cuarto escasamente iluminado, prende la grabadora y oye la cinta.
Adelanta, detiene y regresa la grabación. Los recuerdos despiertan la memoria que va y viene en tres planos temporales distintos: la juventud, la madurez y la vejez.
El texto de Beckett, que algunos críticos consideran el más autobiográfico, es una reflexión de carácter filosófico sobre el sentido de la vida.
Es una pregunta sobre el pasado, que es el que construye, al final, la idea del futuro. Es lo que permanece. Es también un adentrarse a verse en la trayectoria de los años.
El tiempo pasa y al recordar lo que se ha vivido aparece la realidad con sus contradicciones. Lo bueno y lo malo. El gozo y el dolor. Se cobra sentido de que hay un final.
Esta obra de Beckett nos remite al pasado, que ya no podemos cambiar, pero sí recordar. Nos plantea la pregunta de si el pasado puede dar cuenta del presente y explicar lo que será el futuro.
Del montaje de la obra, la directora Sandra Félix, que ha dirigido más de 40 obras de teatro, dice: "que ir de la mano de Luis de Tavira en esta travesía de vida ha sido un viaje extraordinario: colega, amigo, maestro del arte teatral. Su profundidad intelectual, filosófica e intelectual enriqueció el estudio del universo breckttiano. La forma en que se entregó a este reto actoral es algo que definitivamente quedará en nuestra memoria".
Y añade que "Beckett nos hace tocar las fibras de la fragilidad humana: de nuestra propia fragilidad. Ver a Krapp, ese viejo en solitario que recuerda su pasado, nos hace pensar en lo que somos, lo que hemos sido y lo que seremos (...)". La obra del Premio Nobel nos enfrenta a la realidad de que todos los seres humanos guardamos los recuerdos del pasado.
En nuestra condición de mortales, de que nuestra vida tiene un fin que resulta imposible evitar, los recuerdos de lo que ya pasó lo son de la vida que fue en otro tiempo y que desde el hoy nos señalan que algún día, en el futuro, dejaremos de ser. Desde el hoy nos confrontamos con el ayer. Nosotros fluimos de manera permanente en la vida hasta ya no ser.
Luis de Tavira, director y dramaturgo, vuelve a actuar como lo hizo en La última sesión de Freud (Marc St German) y La Fundamentalista (Juha Jokela). Y en este monólogo de Beckett, de 60 minutos, que se van muy rápido, lo hace una vez más con enorme naturalidad. El crea un Krapp que resulta creíble. Nos transmite su angustia y desesperación. Su dicción es perfecta. El Premio Nacional de Ciencias y Artes 2006, es un gran actor. Me gusta mucho su trabajo.
La escenografía de Philippe Armand es radicalmente minimalista: Un escritorio, una silla, una grabadora y tres lámparas. Y la iluminación, que también es de él, crea un ambiente de penumbra que envuelve muy bien a Krapp haciendo ir y venir las cintas de la grabadora. En la reflexión de su vida a partir de la memoria del pasado.
Se puede ver hasta el 13 de septiembre. Funciones sábado y domingo a las 18.00. Foro La Gruta. Centro Cultural Helénico.
La última cinta de Krapp
Foro La Gruta
Centro Cultural Helénico
Dramaturgia: Samuel Beckett
Dirección: Sandra Félix
Escenografía e iluminación: Philippe Armand
Diseño sonoro: Rodrigo Castillo
Elenco: Luis de Tavira
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Samuel Beckett. Nació el 13 de abril de 1906, en Foxrock, cerca de Dublín, en el seno de una familia irlandesa de clase media. Tras asistir a una escuela protestante en el norte de Irlanda, ingresó en el Trinity College de Dublín, donde empezó a escribir poemas y hace su licenciatura en lenguas romances. En 1926 viajó a París con la intención de conocer a los célebres escritores (Joyce, Hemingway, Fitzgerald, etc) asentados en la ciudad francesa por aquel entonces. En 1937 se estableció definitivamente en París, donde trabajaría temporalmente como secretario de James Joyce, autor que ejerció una gran influencia sobre su obra.
En 1942, tras adherirse a la Resistencia, tuvo que afincarse brevemente en la zona liberada del sur de Francia.
Al final de la guerra regresó a París, donde produjo cuatro grandes obras: su trilogía Molloy (1951), Malone muere (1951) y El innombrable (1953), y su célebre obra de teatro Esperando a Godot (1952), textos de una gran austeridad formal en los que el dramaturgo irlandés remarcaba el carácter angustioso y absurdo de la condición humana. Gran parte de su producción posterior a 1945 fue escrita en francés. Otras obras importantes, publicadas en inglés, son Final de partida (1958), La última cinta de Krapp (1958), Días felices (1961), That Time (1976), y dos colecciones de Poemas (1930 y 1935). En 1969 fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura. Murió en 1989. (Circulo de Bellas Artes de Madrid)


