Rubén Aguilar Valenzuela
El presidente a tres años y medio de gobierno, todavía le quedan dos años y medio, sigue teniendo un muy buen nivel de aceptación.

La explicación de la aprobación que despierta entre los sectores mayoritarios de la población tiene que ver con sus atributos.

El 68% de la población piensa que tiene un estilo de vida sencillo de acuerdo a una encuesta de El Universal (23.05.22). Es probable que si otro fuera el presidente quien viviera en Palacio Nacional, donde por 300 años habitaron los virreyes de la Nueva España, no dirían lo mismo.

En cualquier caso así lo ve casi el 70% de la población contra solo el 22% que considera que tiene una vida de lujo. Seguramente, entre otras cosas, por vivir en un palacio y disponer de ciertos bienes y servicios, que no los tiene la mayoría de la población.

El 66% piensa que es honesto, que debe entenderse como honrado, como un político que no roba. El 24% considera que es corrupto. En todo caso es una cifra menor con relación a la primera. En una empresa, un banco por ejemplo, a nadie se le admitiría si el 24% de los clientes piensa que esa persona es corrupta. ¿Cuántos líderes de empresas o bancos sacarían menos de ese 24%?

La idea del cambio todavía es poderosa y para el 63% el presidente eso es lo que les representa. Para el 34% lo equipara con los otros políticos y piensa que representa más de lo mismo. Todavía para una mayoría, él encarna el cambio.

Para un 55% un atributo del presidente es que reconoce sus errores. Nunca lo ha hecho, una y otra vez ha demostrado que es incapaz de reconocerlos, pero más de la mitad de la ciudadanía piensa que sí lo hace. ¿Por qué será que solo un 38 % considera que él cree que siempre está en lo correcto?

Hay dos atributos que valora El Universal que se comportan de manera diferente y ya no favorecen al presidente. Solo el 48 % dice que generalmente dice la verdad, pero el 44% que generalmente maquilla la verdad. El presidente está dejando de ser alguien al que se le cree. La diferencia está en el margen del error técnico. La mitad le cree y la otra no. ¿Por qué este dato sí lo tomamos como válido y el antes mencionado lo ponemos en duda?

Ya la mayoría de la ciudadanía, el 49%, piensa que el presidente tiene ideas anticuadas y solo el 44% que tiene ideas modernas. La diferencia está en el margen del error técnico. En todo caso podría decirse que para la mitad de la ciudadanía el presidente ya no tiene ideas nuevas y modernas y para la otra mitad sí.

Al presidente le siguen funcionando bien los atributos de que vive con sencillez (68%); que es honrado y no roba (66%), que representa el cambio (63%) y que es capaz de reconocer sus errores (55%). Ya la mitad de la población lo ve como alguien que no siempre dice la verdad y que no tiene buenas ideas. La otra mitad piensa lo contrario. En cualquier caso, ya no son atributos fuertes.
 
La valoración positiva del presidente se va a caer, a pesar de que lleva ya más de la mitad de su gestión y no ha caído substancialmente. pienso que ella inició ese proceso, solo en la medida que se desplome la valoración de sus atributos. Los simpatizantes del presidente no lo valoran como gobernante sino como persona. ¿Es diasasociable la persona del gobernante? Votaron por. él entre otras cosas, porque piensan que es una persona sencilla, honesta y ofrece el cambio.