Rubén Aguilar Valenzuela

Encendida (Océano, 2000) es una obra de Patricia Gaxiola, que fue religiosa mercedaria, que reúne una serie de relatos, con carácter autobiográfico, sobre la vida religiosa, la militancia de izquierda, el amor, el abandono y la soledad.
 
La autora ya había publicado dos o tres de estos textos en un suplemento de La Jornada. Los otros se hacían por primera vez. En ellos habla de su historia y también de sus fantasías.
 
Patricia me pidió comentara el libro. El día de la presentación, el 22 de noviembre de 2000, no pude asistir por razones imprevistas de trabajo y mi compañera, Sybille Flaschka, leyó el texto que preparé. Aquí lo comparto sin hacer ninguna modificación.
 

A Florentino
Que de alguna manera, que resulta difícil de explicar, está también aquí.

 
1)
 
La apasionada es ella y también no es ella. Linda todo el tiempo, porque así lo quiere, en los límites de la realidad y la ficción.
 
La apasionada, la novicia mercedaria, es ella pero también es todas las novicias mercedarias, carmelitas, teresianas, franciscanas, dominicas, clarisas y es también la novicia que fue Santa Clara (la de San Francisco), Santa Teresa (la grande), Santa Teresita (la pequeña) y la novicia que algún día tuvo que ser Teresa de Calcuta (la que estaba al lado de los que morían).
 
La apasionada, la novicia mercedaria, es también la novicia jesuita que siempre quiso ser, pero no pudo serlo porque San Ignacio se negó a la fundación de una orden de mujeres.
 
En la apasionada, la novicia mercedaria, están las ilusiones, los ideales, el desinterés y también las frustraciones y el desánimo de las novicias que siempre ha habido.
 
En la apasionada, la novicia mercedaria, están vivas las mismas ideas, la misma entrega y también las dudas y resistencias de todas las novicias.
 
En la apasionada, la novicia mercedaria, están las mismas alegrías y entusiasmo y también la misma soledad y angustia de las novicias de siempre.
 
En la apasionada, la novicia mercedaria, están las mismas razones para entra a la vida religiosa y también las mismas razones para salir que a lo largo de la historia han argumentado las novicias.
 
En la apasionada, la novicia mercedaria, está el mismo misterio, eso inexplicable, que un día empujó a todas las novicias que han sido a dejar su casa, para ingresar al silencio del convento y entregarse a Dios.
 
2)
 
La apasionada es ella y también no es ella. Linda todo el tiempo, porque así lo quiere, en los límites de la realidad y la ficción.
 
La apasionada, la joven militante de izquierda es ella, pero también es todas las jóvenes que se entregaron, con inmensa ilusión y desinterés, a la lucha por hacer de este un mundo más justo y algo mejor. Ella es también Mélida Amaya Montes (la comandante Ana María), Guadalupe Carlín (la mexicana), Alejandra Bravo (Jana), Virginia Peña (la comandante Susana) y muchas otras que ahora recuerdo y que siempre, cuando lo hago, a pesar del tiempo, me siguen doliendo.
 
A veces Susana se aparece y me platica de Jesús (Toño Cardenal) y Jana me cuenta de lo terrible de su muerte y la de su pequeña compañera socorrista. De nada valió la larga y agitada carrera. Cuando me habla ella no sufre, lo hace con mucha serenidad, pero yo soy el que se aterroriza de lo que me cuenta y sufro y me angustio por ella o será por mí.
 
En la apasionada, la joven militante de la izquierda, están las ilusiones, los ideales, el desinterés y también las frustraciones y el desánimo de las jóvenes militantes de la izquierda de las que ahora parece ya no haber o haber muy pocas. Es una especie en extinción, como también lo son las novicias.
 
En la apasionada, la joven militante de la izquierda, están vivas las mismas jóvenes, la misma entrega y también las dudas y resistencias de todas las jóvenes militantes de la izquierda que en los años sesenta, setenta y ochenta se fueron a la guerrilla o ingresaron a los partidos de izquierda o que entonces parecían de izquierda. Algunos resultaron que no eran guerrillas ni partidos sino oficinas de la Seguridad Federal o de Gobernación.
 
En la apasionada, la joven militante de la izquierda, están las mismas alegrías y entusiasmo y también la misma soledad y angustia de las militantes de izquierda que se parecían entonces mucho, a muchas de las novicias de entonces. Eran los años sesenta y setenta.
 
En la apasionada, la joven militante de la izquierda, están las mismas razones que se esgriman para entrar a la guerrilla o la vida religiosa. El imperativo de cambiar al mundo. En ella también están las mismas razones que las militantes de izquierda se dieron, las que pudieron todavía para dejar la guerrilla o abandonar el partido.
 
En la apasionada, la joven militante de la izquierda, está el mismo misterio que animó a las militantes de la izquierda, al igual que a las novicias, a dejar su casa para ingresar a la vida dura, más imperativo moral que gozo, que implicaba la clandestinidad en la guerrilla y las reuniones sin fin y las tareas, a veces incomprensibles, del partido.
 
3)
 
La apasionada es ella y también no es ella. Linda todo el tiempo, porque así lo quiere, en los límites de la realidad y la ficción.
 
La apasionada, la amorosa amante, es ella, pero también es todas las amorosas amantes que se dieron sin pedir nada a cambio con inmensa entrega, a su pareja que no siempre, que casi nunca, correspondió lo que se le daba. Ella es también Floria Emilia (la de san Agustín), Eloisa (la de Abelardo), Lady Hamilton (la de Nelson), Madame Butterfly (la del oficial naval norteamericano) y también Camile (la de Rodin).
 
En la apasionada, la amorosa amante, están los deseos, los sueños, la entrega total y también la angustia, la desesperación, el deseo no cumplido de las amorosas amantes de todos los tiempos.
 
En la apasionada, la amorosa amante, están vivas las mismas razones, el mismo desinterés y el mismo dejarse ir, sin resistencia alguna al amado - como en el Cantar de los Cantares - y también las dudas, los miedos y resistencias fugases, pero sobre todo la soledad, de todas las amorosas amantes.
 
En la apasionada, la amorosa amante, están el mismo gozo, el mismo placer y la misma intensidad, que los místicos encuentran en la oración, que raya también, por lo menos en momentos, en la locura.
 
En la apasionada, la amorosa amante, están las mismas razones para darse sin reserva y condición al amado y también las mismas razones para poder sobreponerse y sobrevivir al abandono de todas las amorosas amantes.
 
En la apasionada, la amorosa amante, están el mismo misterio de todas las amorosas amantes que se abandonaron, para darse a su amado, aunque no siempre fueran correspondidas.
 
4)
 
La apasionada - la novicia mercedaria. la joven militante de la izquierda, la amorosa amante - es esa realidad que raya en la ficción o esa ficción que raya en la realidad, siempre en el lindero porque así lo quiere, que se hace vida en ese maravilloso personaje, en ese ser humano formidable, en la mujer extraordinaria que es Patricia, la que ella inventa en su ficción y la que ella es en su realidad.
 
Ella es todas y todas son ella, la apasionada, que también es la discípula y pregonera de Jesús. La ficción se hace en ella realidad y la realidad alcanza en ella el nivel de la ficción.
 
Con mi amor incondicional en un día que me hubiera gustado estar junto a ti.
 
Encendida
Patricia Gaxiola
Ed. Océano
México, 2000
pp. 102