Rubén Aguilar Valenzuela Todas las vidas son únicas e irrepetibles. Todas son interesantes no importa si se es un gran personaje, reconocido socialmente, o se es alguien que pasa desapercibido, para los demás. Todas las historias merecen ser contadas y conocidas.
En esa línea se inscribe la serie La historia de las generaciones con el papa Francisco (2021) de la directora italiana Simona Ercolani que se inspira en el libro La sabiduría del tiempo (2018) escrito por el mismo sucesor de san Pedro.
Los protagonistas, personajes conocidos y otros no, en condiciones de igualdad, cuentan su vida. La serie documental deja en claro que todas las historias son relevantes y significativas.
Decidirse a contar la propia historia no es fácil. Hay que superar muchos escollos en el camino. Desde la disciplina de sentarse a investigar sobre el pasado y traer a la memoria lo que se ha vivido.
Pero todavía más exponerse a los demás en el ejercicio de compartir lo que se ha vivido. Implica hacer cuentas con uno mismo y también superar miedos e inhibiciones.
Siempre en la conciencia de que la memoria no necesariamente es fiel a lo que realmente ocurrió. Nuestra memoria tiende a ser selectiva. A pesar de esa realidad vale la pena contar lo que se ha vivido.
Y también socializar con los demás, con los cercanos, pero también con los desconocidos, la vida que uno ha tenido. Distinta y única, pero también, en nuestra condición humana, semejante.
En Yo es otro. La vida es una aventura estrictamente personal
(Castellanos Editores, 2021) Joaquín Ignacio Peón Escalante (Ciudad de México, 1943) nos comparte su vida. Lo hace a la manera del alemán Günter Grass, en Las capas de la cebolla.
Joaquín Ignacio inicia su historia con el recuento de los Peón y Escalante que vinieron de España y se asentaron en Yucatán. Los primeros en el siglo XVIII y los otros a principios del siglo XIX.
Situado el origen, que en su vida cuenta y es relevante, como lo es todo origen, para cualquier ser humano, construye la narrativa de su vida desde su nacimiento al día de hoy.
En ese recorrido nos podemos o no reconocer, nos podemos o no identificar, pero vemos al otro, al que no soy yo, que me hace verme a mí. Solo en la conciencia de la existencia del otro cobro conciencia de mí mismo.
De la lectura del recorrido que nos propone Joaquín Ignacio de su vida, él y yo compartimos, entre otras muchas cosas, haber sido jesuitas, me llama la atención la manera de hacerlo.
En el quitar capas a la cebolla, para llegar al centro, pero también desde el centro quitarlas, para llegar al exterior, encuentro tres niveles distintos en la narrativa o tres narrativas distintas que una se sostiene en la otra.
Joaquín Ignacio hace un esfuerzo, para de manera franca y honesta, abierta, contarnos con objetividad, en la medida que esto es posible, el devenir de su vida, la cotidianidad que día a día construye su historia.
Luego, en otro nivel, capas adentro de la cebolla, reflexiona sobre su vida. Toma distancia de los hechos y los trata de entender, de comprender el significado de los mismos. Comparte con nosotros esas valoraciones.
Y todavía más, en otro nivel, que camina del dentro al afuera de la cebolla está la realidad, el contexto social en el que ha vivido. Sin él no hay posibilidad de explicar a fondo lo que se es.
Su biografía es expresión de la dialéctica permanente de esas tres realidades, que constituyen la historia personal: la vida de todos los días, la reflexión sobre ella y la realidad del contexto donde esta transcurre.
En la dedicatoria del libro Joaquín Ignacio, mi amigo, escribe: "Te comparto este relato muy personal. Compartimos ideas y momentos de profunda identidad". Es sin duda, ese es su valor, un relato muy personal.
Yo es otro
La vida es una aventura estrictamente personal
Joaquín Ignacio Peón Escalante
Castellanos Editores
México, 2021
pp. 427


