En la obra de Tamayo, la figura humana no busca reproducir exactamente la anatomía real. Son, en palabras del planteamiento curatorial del museo, invenciones y fantasías. El artista crea seres que pueden parecer humanos y, al mismo tiempo, pertenecer a un universo imaginario.
Tamayo no era un artista vuelto exclusivamente hacia el pasado, aunque recurre constantemente a referencias prehispánicas y populares, también siempre estuvo atento a los cambios científicos y tecnológicos de su época. El hombre, la máquina y el espacio exterior se convierten en nuevos motivos para reflexionar sobre la condición humana.
La muestra presenta a Tamayo como un artista en constante búsqueda. Sus horizontes fueron cambiando a lo largo de su vida: del mundo mexicano al internacional, de la tradición a la modernidad, de la figura real a la fantasía, de la naturaleza a la tecnología. Sin embargo, detrás de esa diversidad existe una identidad artística perfectamente reconocible.
Las obras de Tamayo siempre me impresionan, y me hablan. Es creación pura que utiliza el color, la textura y la imagen en el marco de una propuesta muy personal que es única y claramente distinguible. Es su estilo y como ese no hay otro, es solo de Tamayo. Los volúmenes sólidos como piedras. Su obra me gusta mucho.
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La exposición permanece en el Museo Tamayo hasta el 20 de septiembre de 2026.