El pintor Paul Cézanne (1839-1906), trabajó en este taller de 1902, hasta su muerte en 1906. Fue aquí donde llevó hasta sus últimas consecuencias una búsqueda que había comenzado décadas atrás: descubrir mediante la pintura la estructura profunda de la naturaleza y transformar la percepción en una construcción de color y forma.
La arquitectura, del taller Cézanne, la concibió de acuerdo a sus necesidades; que la luz que entrara por sus grandes ventanales. Desde aquí, el pintor contribuyó a transformar la manera de representar la realidad y preparó el camino para buena parte de la pintura del siglo XX.
Aix-en-Provence no fue para Cézanne únicamente el lugar donde nació y murió, sino que también fue el territorio que alimentó su imaginación durante toda su vida. Provenza fue para él mucho más que un escenario. Sus paisajes, sus montañas, sus árboles, sus casas, sus colores y especialmente la luz mediterránea se convirtieron en elementos fundamentales de su lenguaje artístico. Aix y sus alrededores acompañaron la evolución de su pintura desde sus primeros años hasta sus últimas investigaciones sobre el color, el volumen y la estructura de la naturaleza.