Rubén Aguilar Valenzuela
El libro Ni venganza, ni perdón. Una amistad al filo del poder (Editorial Planeta, México, 2026), recoge las entrevistas que el periodista Jorge Fernández Menéndez (Buenos Aires, Argentina 1955) le hace a Julio Scherer Ibarra (Ciudad de México, 1959). Lo firman los dos.
Es una conversación, bien estructurada y con temas acordados a ser tratados, y al mismo tiempo tiene un tono abierto y franco, y esta resulta original y novedosa, porque Scherer Ibarra tiene información como muy pocos del círculo cercano Andrés Manuel López Obrador (Tepetitán, Tabasco, 1953) que es el centro de esta plática.
En las primeras páginas Scherer Ibarra da cuenta de la relación cercana que existía entre su padre, el periodista Julio Scherer García (Ciudad de México 1926-2015), y Andrés Manuel López Obrador y su esposa Rocío Beltrán Medina (Teapa, 1956 - Ciudad de México, 2003) con la que estuvo casado 24 años. Es a través de esa relación que también construye su cercanía, y de estrecha colaboración con él.
Scherer Ibarra reconoce a López Obrador como a un gran líder social y un político espacialmente dotado, con una habilidad extraordinaria para relacionarse con el "pueblo", y al tiempo da cuenta de su manera de ser como político y persona sobre lo que poco o nada se conoce de manera pública.
Es una plática que da cuenta de 30 años de una relación de amistad, cercanía y colaboración, que luego termina en la distancia. Por años fue uno de los integrantes del círculo más cercano e íntimo de López Obrador, y en esta conversación de este da cuenta de su vida personal, familiar, de líder social, de líder político, de funcionario público, de candidato, de constructor de un movimiento social que termina en el reconocimiento oficial de Morena, para desde ahí ganar la presidencia de la República.
Describe de manera precisa y puntual los tres primeros años de López Obrador, como presidente, tiempo que él se desempeña como titular de la Consejería Jurídica, y goza de enorme poder dentro del gabinete, que lo convierte en uno de los hombres más influyentes del gobierno.
El de Scherer Ibarra es el testimonio de alguien que decide contar lo que nadie ha hecho, y que contradice la imagen pública que López Obrador ha construido sobre sí mismo con gran habilidad y éxito, y que está muy lejos de la realidad.
En mi lectura del libro, Scherer aporta una mirada crítica, desde dentro, que da cuenta de un López Obrador frío y calculador - siempre el fin justifica los medios-, pragmático inhumano, que usa a las personas y luego, cuando ya no le son útiles, las abandona a su suerte. Un hombre que no confía en nadie más que en sí mismo, y es de un autoritarismo extremo. Solo él decide, y los demás deben implementar lo que les ordena. Él se valora como único. No hay nadie igual a él.
En otra parte del texto está la reflexión de Scherer Ibarra sobre lo que a el le pasó, y dice que "la cercanía es un privilegio, pero también es una condena". Asegura que tras su renuncia se activaron ataques desde distintos frentes desde el propio aparato de gobierno, que deriva en una persecución jurídica y mediática contra él, que, aunque no prosperó en los tribunales, dejó un impacto, imposible de revertir, en el espacio público. En esta participaron voceros y operadores del gobierno dispuestos a golpear su reputación y dañar a su familia. Y dice que "los ataques llegaron disfrazados de justicia".
El libro también aborda el papel de los militantes más radicales de Morena y del gobierno, todos cercanos a López Obrador, que siempre tuvieron envidia de su cercanía con el presidente, y que vieron en su salida la oportunidad para golpearlo. Acusa uno de estos, a Jesús Ramírez Cuevas (Ciudad de México, 1966), coordinador de comunicación de López Obrador, de tener relación con el crimen organizado, y de haber promovido una reunión de uno de estos personajes con el presidente.
Las revelaciones de Scherer Ibarra no parecen haber tenido ningún impacto en la imagen de López Obrador, en la vida de Morena, y en la del gobierno que encabeza la presidenta Sheinbaum Pardo (Ciudad de México, 1962), y hubo una estrategia operada desde Palacio Nacional, para que el libro tuviera la menor repercusión posible en la opinión pública.