Rubén Aguilar Valenzuela






La exposición Amazighes. Ciclos, ornamentos, patrones se presenta en el Fuerte Saint-Jean - Edificio Georges Henri Rivière, que es parte del Museo de las Civilizaciones de Europa y del Mediterráneo (MUCEM), Marsella, Francia.


Exposición


El mundo amazigh se expone en 150 objetos y obras desde el siglo XIX hasta nuestros días, así como algunas piezas arqueológicas, entre joyas, cerámicas, tejidos, cestería, esculturas, herramientas, fotografías, vídeos, instalaciones y archivos.


Proceden de las colecciones del Museo Pierre Bergé de Artes Bereberes, de la Fundación Jardín Majorelle de Marrakech y de las del MUCEM, y también de colecciones públicas y privadas de Canarias, Marruecos y Francia, así como de artistas.


La curaduría es Salima Naji, arquitecta y doctora en antropología; Alexis Sornin, director de los Museos de Artes Bereberes Yves Saint Laurent Marrakech y Pierre Bergé.


El mundo amazigh, que tiene diversos orígenes, objeto de debate aún hoy en la comunidad científica, se desplegó, al menos desde el Neolítico, por un amplio territorio que cubre desde Egipto hasta Marruecos, incluyendo las Islas Canarias y pasando por el norte de Níger, Mali y Mauritania. Comparte su identidad lingüística con el tamazight y cuenta con un alfabeto común, el tifinagh.


En el mundo amazigh, cualquier acto de adorno se asocia a un sentimiento de protección y de eterno retorno. El acto de adornar, decorar, cubrir o engalanar hace referencia al estatus y la identidad de un grupo. Lejos de ser accesorios, el adorno, el tejido y la cerámica son esenciales y constituyen una especie de filtro físico o mágico, un dispositivo total de protección del cuerpo, del espacio doméstico y, más ampliamente, del espacio social en general.


Desde los cuerpos tatuados hasta las joyas, los objetos domésticos, los velos o las camillas de las tiendas, las paredes de las casas o las puertas, en todas partes se encuentran los mismos motivos, formas y símbolos, que no son sólo decorativos, sino que desempeñan una triple función: estética, por supuesto, pero también terapéutica y apotropaica, y como marcador social y de género.






El espacio social amazigh están claramente significados, de diversas maneras, por palabras, actitudes y figuraciones, y también por ciertos rituales en torno a umbrales y puertas, porque marcan o establecen fronteras entre el mundo exterior y el dominio del hogar, que sigue siendo esencialmente coto privado de las mujeres. Desde los mitos más antiguos, la matriz en que se concibe el nacimiento de la cultura amazigh ha sido femenina. La exposición abre con las figuras de las diosas madres, asociadas simbólicamente a la figura fértil y protectora del círculo.





La exposición explora estas nociones de umbrales y círculos protectores, que se encuentran en el corazón de la cultura amazigh y le dan estructura, antes de pasar a los objetos, superficies, formas y signos en los que se encarnan materialmente: signos abstractos y geométricos, así como figurativos (tortuga, pez, rana, espiga de trigo, ojo, figura antropomorfa, etc.).

 

Se hace hincapié en la dimensión cíclica de la naturaleza (la luna, el retorno de la primavera, la cosecha) en relación con los gestos y las habilidades de las mujeres (alfarería, tejido, teñido con henna, cestería, tatuaje, etc.), así como de los hombres que tradicionalmente practican la orfebrería, y otros oficios.







Comentario





La exposición ofrece la oportunidad de examinar el concepto de "identidad bereber permanente" y la transmisión y circulación contemporáneas de este patrimonio en el seno de la gran diáspora amazigh, en los ámbitos de la creación artística y la cultura popular.


En el mundo amazigh, toda acción estética está asociada a un significado de pertenencia, protección y regreso eterno. Desde cuerpos tatuados hasta joyas, desde paredes hasta puertas de casas, tejidos hasta pilares de tiendas de campaña, los objetos cotidianos se encuentran adornados con la misma gramática de motivos o símbolos.


Esto está relacionado con un gesto de protección del cuerpo, del hogar, de los suyos y de conciliación de un entorno cercano: el que alimenta, el que da o recupera la vida. Al mismo tiempo, estos motivos y tradiciones han sido reinterpretados por las diásporas, convirtiéndose en marcadores de identidad para comunidades alejadas de sus territorios de origen.

 

Hoy en día, una modernidad renovada se apodera de estos repertorios culturales, colocándolos en una dinámica de transmisión y diálogo más que en una lógica de ruptura o desaparición. De la exposición aprendí mucho.