Rubén Aguilar Valenzuela
En el mundo hay una clara tendencia a que los multimillonarios intervengan de diversas maneras en el campo de la política, y hay estudios que así lo prueban, en México es claro que esto también sucede, pero no se conocen investigaciones que lo documenten.
La información que ahora comparto, la tomo del texto de Francisco de Zárate, en la sección Negocios de El País (18.04.26), sobre la concentración del dinero en el mundo, los grandes multimillonarios, y su implicación en la política.
En las elecciones estadounidenses de 2024, solo 100 familias contribuyeron con uno de cada seis dólares gastados por candidatos, partidos y comités. Ese año invirtieron 2600 millones de dólares, más del doble de los 1000 millones invertidos en las elecciones de 2020; y 160 veces más que lo que invertían antes de que en 2010 la Corte Suprema de Estados Unidos eliminara los límites a la financiación de campañas.
Según Rebecca Gowland, que en el Reino Unido trabaja como portavoz de Patriotic Millionaires (grupo formado por millonarios conscientes de la desigualdad, que hacen campaña para que el gobierno les suba los impuestos), en una encuesta que "hicimos en los países del G-20, les preguntamos si creían que la riqueza extrema servía para comprar influencia política, casi un 80% respondió que sí y que no debería ser así".
Es evidente que la riqueza se concentra cada vez en menos manos, y que los mayores patrimonios del mundo transforman su dinero en influencia política para influir de manera decisiva en moldear la sociedad y el sistema democrático. No se puede ignorar, entre otras realidades, que más de la mitad de los principales medios de comunicación del mundo pertenecen a multimillonarios, y que 8 de las 10 mayores empresas de IA son de multimillonarios, y 9 de las 10 redes sociales más importantes también.
El economista Branko Milanovic, sostiene que romper el vínculo entre poder económico y poder político es difícil porque las personas que lo ejercen saben que necesitan esa influencia para mantener su posición y dice: "Pero un plutócrata inteligente haría lo mismo que hicieron los capitalistas después de la Segunda Guerra: enfrentados a la posibilidad del comunismo, aceptaron muchas de las demandas de igualdad para preservar su poder", y advierte que "si los grandes plutócratas no moderan su apetito, y su ambición se vuelve demasiado obvia, la reacción contra ellos puede terminar socavando los pilares sobre los que se mantienen".
Los distintos estudios prueban que la acumulación de riqueza de los multimillonarios no solo pone en peligro el funcionamiento y la legitimidad del sistema democrático, que incluye el electoral, sino que tiene un efecto desastroso sobre la economía. Si esa riqueza estuviera mejor repartida, podría aumentar la actividad y el empleo gracias al crecimiento del consumo, entre otras muchas cosas.
En México quienes desde la academia estudian las campañas y los procesos electorales, saben que en el financiamiento a los partidos y candidatos intervienen los multimillonarios a nivel nacional, y también los millonarios a nivel local, y que es cada vez más evidente la participación como "donantes" de los grupos del crimen organizado, pero no se conocen los montos, solo se sabe que son cantidades extraordinarias, y que en los hechos una campaña cuesta diez veces más de lo que oficialmente permite el INE, ahora controlado por Palacio Nacional. Es pues claro, que buena parte de los recursos vienen de esos financiadores.


