Rubén Aguilar Valenzuela 

 

 

 

 

 

 

 

La exposición El jardín de Velasco se presenta en el Museo Kaluz, Alcaldía Cuauhtémoc, Centro Histórico, Ciudad de México, y muestra la dimensión más personal del pintor científico que fue José María Velasco (1840–1912), el artista que transformó la manera de representar y comprender el paisaje mexicano.

 

Adquisición

 

En 2023, el Museo Kaluz adquirió, de María Elena Altamirano Piolle, bisnieta del artista, el Acervo José María Velasco, mismo que durante años se dedicó a reunir, conservar e investigar. Se integra de 2500 piezas inéditas —pinturas, libretas, bocetos, cartas, manuscritos, libros y objetos personales— que revelan al creador desde su faceta naturalista, científica y artística hasta su vida íntima.

 

Exposición

 

 

 

 

El título de la exposición, El jardín de Velasco, alude al Valle de México como su territorio de estudio y contemplación, un espacio donde arte y conocimiento científico se entrelazaron en la mirada del pintor. Desde sus apuntes botánicos hasta sus grandes paisajes, la naturaleza fue el centro de gravedad de su producción.

 

El concepto curatorial es un desarrollo de Sara García Fernández, maestra en Historia del Arte por la UNAM y doctora en Estudios Culturales por Columbia University, Nueva York, y Omar Olivares Sandoval, doctor en Historia del Arte por la UNAM e investigador del Instituto de Investigaciones Estéticas (IIE). Su curaduría ofrece una lectura transdisciplinaria que articula colecciones artísticas, científicas y documentales para ofrecer una experiencia sensorial e intelectual a quien la ve.

 

La exposición propone una aproximación al artista a través de siete secciones que invitan a recorrer su pensamiento visual y científico:

 

1) Pintor y científico

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

José María Velasco, Estudio de Rocas, 1910. 

 

 

La producción artística de Velasco está estrechamente vinculada con las prácticas científicas del siglo XIX. Fue pintor, pero también investigador que participó activamente como protagonista de la ciencia en las sociedades decimonónicas.

 

A través de sus pinturas y publicaciones, Velasco contribuyó a conformar un imaginario mineral, zoológico, botánico y arqueológico, campos de conocimiento fundamentales para dar sentido al tiempo geológico, el pasado antiguo y las regiones naturales del país.

 

Las obras reunidas en esta sala dan cuenta de su carrera multifacética, que abarca desde su participación en exploraciones arqueológicas y su intervención en el debate sobre el evolucionismo.

 

2) Flora del Valle de México

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Litografía para Flora del Valle de México, número 65, 12. Biblioteca Instituto de Biología UNAM 

 

 

En 1869, Velasco creó Flora del valle de México, una publicación de dieciocho litografías de plantas de la cuenca del Valle de México. Fue dibujante, pero también recolectó y clasificó ejemplares, y se encargó de su descripción.

 

Con esta publicación, Velasco ingresó a la Sociedad Mexicana de Historia Natural, donde impulsó el proyecto de la descripción de la flora nacional que debía extenderse a todo el país. Aquí se exhiben sus láminas y bocetos junto con ejemplares de las mismas especies de la colección del Herbario Nacional.

 

Se interrumpe por falta de suscriptores, este trabajo es reflejo de un ideal científico que buscaba la continuidad entre la recolección y la publicación de la flora mexicana. Los diferentes formatos en que aparecen las especies nos conducen al proceso material y visual en el que conviven formas de coleccionar, observar y producir una estética botánica.

 

3) Comunidades botánicas

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cardón de Oaxaca, 1901. Acervo Colección Kaluz.

 

 

La obra botánica de Velasco se inscribe en el intenso intercambio global de especímenes y publicaciones que caracterizó el siglo XIX. Él participó activamente en las redes internacionales de investigación científica. Un ejemplo de ello es la especie Lennoa madreporoides Llav. Lex., una planta recolectada por el botánico alemán Johann Wilhelm Schaffner, que Velasco dibujó para la revista La Naturaleza.

 

La circulación de especímenes botánicos como este permitió la creación de grandes colecciones de plantas mexicanas en todo el mundo. Estos herbarios hicieron posible la publicación de importantes estudios sobre cactáceas que Velasco retomó en sus propias investigaciones. Esta geografía marca el horizonte científico del pintor y la botánica de su tiempo.

 

4) De plantas a medicamentos

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Dibujo científico de los traquilideos (colibríes) posados en flores. Acervo de la Colección Kaluz.

 

 

La observación de las plantas y la investigación médica experimental convierte la botánica en un recurso para la producción de medicamentos nacionales.

 

Este objetivo se persiguió a mayor escala en el Instituto Médico Nacional, fundado en 1888, donde médicos y artistas cercanos a Velasco, como Fernando Altamirano y Adolfo Tenorio, participaron en el proyecto de dibujar la flora con el propósito de crear una terapéutica nacional.

 

A partir de colaboraciones como las que mantuvo con Rafael Montes de Oca en diversas publicaciones, es posible mostrar que el conocimiento visual de las especies fue una herramienta para extraer recursos del mundo vivo.

 

5) Arboleda

 

Ahuehuete de la noche triste, 1885. Museo Nacional de Historia, Castillo de Chapultepec.

 

Los árboles fueron un motivo esencial en la obra de José María Velasco. Pintados individualmente o como arboleda, fueron estudiados con atención: la forma de las hojas, la densidad del follaje, la textura de la corteza y el lugar donde crecían. Este interés científico y artístico dio lugar a representaciones de gran verosimilitud.

 

Entre sus obras destacan aquellas dedicadas a los árboles que cobraron un valor emblemático en la historia del país, como el ahuehuete de Popotla —célebre por las narrativas que lo sitúan en la llamada "Noche Triste" de 1520— o los ahuehuetes del Bosque de Chapultepec.

 

El estudio de las cortezas–concretamente del fresno y del chopo– también despertó el interés de Velasco, como atestigua una de sus libretas de notas. Sus obras se exhiben en esta sala junto a una selección de maderas de la Xiloteca del Instituto de Biología de la UNAM, con el objetivo de mostrar cómo la mirada científica de Velasco hacia los árboles tuvo una influencia decisiva en su producción artística.

6) Floras del tiempo profundo

 

Aunque José María Velasco practicaba la representación del natural —pintar basándose en lo que se observa— para ejecutar la serie de lienzos encargados por el Instituto Geológico Nacional (hoy Museo de Geología de la UNAM), tuvo que viajar a períodos geológicos pasados.

 

El proyecto se basó en las pinturas del Museo de Historia Natural de Viena, realizadas por el pintor austriaco Josef Hoffmann (1831-1904), que Velasco tomó como referencia para pintar diez composiciones de gran formato.

 

Entre todos los seres vivos representados del tiempo profundo, destacan los helechos, una de las plantas más antiguas de la Tierra. Sus restos fósiles se remontan al Devónico medio (entre 383 y 393 millones de años), cuando aún no existían las plantas con flor.

 

La fascinación de Velasco por el pasado remoto, simbolizada en el helecho, se aprecia en su obra que plasmó con gran expresividad en pinturas como El bosque de Pacho (1875) y Paisaje fantástico (s/f). La relevancia de esta planta como puente con el pasado se evoca en esta sala mediante dos ejemplares de helechos arborescentes de las regiones de Puebla y Veracruz, lugares que Velasco recorrió durante sus viajes.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

7) Paisajes vivos

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Plátano (en la casa del Sr. Reponti), 1876. Colección particular.

 

 

La presencia de las plantas en la obra de Velasco se enmarca en una cultura visual del paisaje centrada en el mundo natural y su relación con lo humano. Se suma a la tradición paisajística que estrechó los lazos entre el arte y la ciencia.

 

Él observó con atención los vínculos entre lo inorgánico y lo vivo, así como las relaciones que unen suelos, plantas, animales y humanos. Sus dibujos y cuadernos, más que registros botánicos con un afán de exactitud, revelan la vitalidad del paisaje.

 

Obras como las vistas desde el cerro de Santa Isabel (década de 1870) o las diferentes perspectivas de la cuenca desde Tacubaya (década de 1880), evidencian ciclos humanos y naturales. En Volcán de Orizaba desde la hacienda de San Miguelito (1892), la abundancia de plantas individuales invita a reflexionar sobre la distribución de la flora, mientras que en Hacienda de Chimalpa (1893) muestra la huella humana sobre la tierra. Al centrarnos en la botánica de los paisajes de Velasco encontramos un mundo vivo y en transformación.

 

 

Gabinete José María Velasco

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Como parte de la exposición, a la manera de un Gabinete, se exhiben objetos personales de Velasco que provienen de la colección de la familia Altamirano Piolle, que recientemente ha adquirido el museo y pasa a ser parte de su acervo. Se incluyen, entre otros, bocetos, dibujos, cuadros, libretas, documentos, libros y mapas. 

 

Diálogos contemporáneos

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Vía láctea, Jan Hendrix

 

El recorrido de la exposición se complementa con intervenciones que el museo comisionó a cuatro artistas contemporáneos que reinterpretan el legado de Velasco desde una perspectiva actual:

 

Vía Láctea, de Jan Hendrix (Maasbree, Países Bajos, 1949). Obra dedicada a la flor del maguey. Tomando como punto de partida el boceto de Velasco, Flor del maguey (s/f), el artista interpreta su morfología y contorno. Dieciséis siluetas del tallo y flor del agave trabajadas en acero pulido como espejo emiten reflejos que iluminan el espacio, creando una suma de formas aleatorias y dinámicas.

 

- Registro Fósil, de Patricia Lagarde (Ciudad de México, 1961). Toma como eje de su trabajo la Libreta 9 del pintor, una de las piezas más importantes del Acervo José María Velasco, por reunir no sólo un gran número de dibujos botánicos sino el propio herbario del artista. Para Lagarde en esta libreta se encuentran intervenciones, a veces inconexas, unidas por alguna relación azarosa, registrando un importante acontecimiento: el encuentro con las cosas.

 

- Murmullos del universo, de Wendy Cabrera Rubio (Ciudad de México, 1993) en colaboración con Sbethlanna González (Ciudad de México, 1992). Este tríptico fotolitográfico y la escultura comisionada exploran la relación de Velasco con su colega, el científico Alfonso Luis Herrera —introductor de la biología en México y director del Zoológico de Chapultepec—, quien compartió con el pintor el interés por el origen de la vida.

 

- Consejo de plantas, de Ariel Guzik (Ciudad de México, 1960). Propone una configuración en la que un grupo de plantas, un instrumento de cuerdas y las personas visitantes crean una dinámica triangular donde alternan sensibilidad, expresión y expectancia. El contraste entre Velasco y Guzik en esta exposición genera un diálogo entre dos formas distintas de aproximarse a la ciencia, ambas expresadas a través del arte.

 

 

Artista 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

José María Velasco y Gómez-Obregón nació en Temascalcingo, Estado de México, el 6 de julio de 1840 y falleció en la Ciudad de México el 26 de agosto de 1912.

 

Estudió en la Academia de Bellas Artes de San Carlos, con una beca que obtuvo por medio de un concurso. Allí fue alumno de Santiago Rebull, Pelegrín Clavé, Manuel Carpio y, sobre todo, del italiano Eugenio Landesio.

 

A los 18 años fue nombrado profesor de perspectiva en la misma escuela y cuatro años después obtuvo la titularidad de la plaza de profesor de paisaje en la misma escuela. Su labor docente duró más de 40 años.

 

Su producción artística inició en 1868, al concluir sus estudios en la Academia, y se extendió durante 44 años, en los que llegó a crear cerca de 300 pinturas al óleo, además de acuarelas, litografías y pinturas en miniatura. Destacan especialmente sus paisajes del Valle de México.

 

Velasco no solo se interesó por la pintura sino también por las ciencias naturales y sociales. Se adentró en el estudio de la arquitectura, la antropología, la botánica, la geología, la paleontología. Trabajó en una serie de estampas sobre la flora y la fauna terrestre y marina, lo cual convirtió en una fuente de estudio de la ciencia en México y lo llevó a ser nombrado presidente de la Sociedad Mexicana de Historia Natural en 1881.

Obtuvo múltiples reconocimientos nacionales e internacionales entre ellos: Medalla de Oro de las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes (1874 y 1876; Medalla en la Exposición Internacional de Filadelfia (1876); Premio de la Academia Nacional de México (1878); Medalla de la Exposición Universal de París (1889); Medalla de Oro del Centenario de Colón (Madrid, 1893) y Medalla de la Exposición de Bellas Artes de Puebla (1900).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Comentario

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El jardín de Velasco es una exposición única y distinta de todas las que se han presentado sobre José María Velasco (1840–1912). En esta no solo se hace presente el artista sino también el científico, de manera particular el botánico.

 

La curaduría de Sara García Fernández y Omar Olivares Sandoval, nos permite acercarnos a un personaje complejo interesado por múltiples temas, un hombre del renacimiento, que abarca la pintura, en particular el paisaje, pero también temas científicos relacionados con la botánica y la geología.

 

En la exposición se hace el recorrido por la vida del personaje y su obra en siete grandes apartados: 1) Pintor y científico; 2) Flora del Valle de México; 3) Comunidades botánicas; 4) De plantas a medicamentos; 5) Arboleda; 6) Floras del tiempo profundo; 7) Paisajes vivos.

 

A estas áreas se añade un Gabinete con piezas de Acervo José María Velasco que integró María Elena Altamirano Piolle, bisnieta del artista. Está muy bien expuesta.

 

Y también, es parte de la originalidad de la exposición, la creación de cuatro artistas contemporáneos -Jan Hendrix; Patricia Lagarde; Wendy Cabrera y Ariel Guzik -, que fueron invitados por el museo, para dialogar con la obra de Velasco.

 

La exposición ofrece una lectura transdisciplinar de la obra de Velasco, que proponen una visión que sitúa al personaje en el cruce entre el arte, la ciencia y la botánica, que invita a reflexionar sobre su legado en el arte y la ciencia de México.

 

El trabajo museográfico es muy bueno, que incluye la iluminación, donde cada pieza está donde debe de estar y puede ser vista a plenitud. Gocé mucho de la visita y voy a volver. 

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La exposición se puede ver hasta el 22 de junio.