Rubén Aguilar Valenzuela

El conjunto conventual de San Francisco es parte de la declaratoria de Patrimonio Cultural de la Humanidad del Centro Histórico de Quito, Ecuador, en 1978.

Historia

En la época prehispánica aquí estuvo el palacio del Inca Huayna Cápac. Los incas ante el avance español destruyen la ciudad. En 1537, tres años después de la fundación de la nueva ciudad, inicia la construcción de la primera iglesia a cargo de la Orden de los Frailes Menores (OFM). Los primeros franciscanos en llegar son los flamencos fray Jodoco Ricke y fray Pedro Gosseal. En 1550 comienza la construcción del conjunto conventual actual que se termina en 1680.

A mediados del siglo XVII, el criollo fray Antonio Rodríguez, es el responsable de la obra, que también construye la iglesia de Santa Clara. Entre 1651 y 1755 es el período de auge de la OFM que se refleja en el aumento de los bienes artísticos del conjunto. El terremoto de 1755 destruye el artesonado mudéjar de la nave principal. En 1756 dan comienzo las obras de reconstrucción que terminan en 1809. Se incorpora un artesonado de estilo barroco. Entre 1810 y 1894 los franciscanos se ven obligados a ceder grandes espacios de la propiedad (claustros...).

Atrio 

Es el espacio al frente del conjunto conventual, que tiene una escalera cóncava - convexa que comunica la plaza con el atrio en la parte superior. Se construye sobre las ruinas del mercado inca y otras estructuras de esta civilización (1497-1533). Desde el siglo XVI, esta plaza es parte de la estructura urbana de la ciudad.

 

Iglesia

 

- Exterior

 

Es de piedra con dos cuerpos de estilo renacentista. En algún texto leí que el estilo es "sofisticadamente manierista", que fray Ricke extrajo del tratado de arquitectura de Sebastián Serlio. Se enmarca en las torres que son de 1893, las originales se derrumban en el terremoto de 1868.

 

- Interior

 

Planta basilical de tres naves. Mide 70 metros de largo. En la nave central un artesonado barroco que en 1770 sustituye al mudéjar. En los extremos de la nave se conservan cielos mudéjares. En el artesonado del nártex hay 18 lienzos con escenas del Génesis. El altar mayor es de cedro y estilo barroco cubierto con pan de oro. Destacan las esculturas Virgen de Quito, de Bernardo de Legarday el Jesús del Gran Poder, del padre Carlos. Pazos Barrera lo describe así: "El presbiterio presenta un altar semicircular con espacios separados por columnas y adornados con frontones partidos. En los espacios figuran las esculturas de los apóstoles que miran hacia la calle central. En lo alto se ve el Bautizo de Cristo, una escultura de Diego de Robles".

 

A los lados del presbiterio están la capilla de La Virgen del Pilar y la capilla de Villacís, que son retablos barrocos del siglo XVIII. El último, obra del arquitecto quiteño Antonio Rodríguez. Las paredes interiores tienen decorados en altorrelieve de mascarones, hojas y frutas americanas, todo dorado y policromado en rojo, azul y verde.

 

En las dos naves laterales de la iglesia hay ocho altares barrocos cubiertos con pan de oro adornados profusamente de todo tipo de columnas y mascarones con ángeles y querubines. Están llenos de esculturas de santos de la escuela quiteña. Los dos altares del crucero son muy buenos, uno dedicado a San Francisco y el otro a San Antonio, obras del siglo XVIII. El púlpito es de buena factura.

En el coro se conserva el artesonado original de finales del siglo XVI. El de la nave debió ser muy bello. La sillería es de 1647 obra de Jorge de la Cruz Mitina y su hijo Francisco Morocho.

El coro está formado por 81 sillas en cedro con tallas caprichosas y muy trabajadas. En la parte posterior de cada uno de los sitiales hay un relieve policromado como los que aquí se ven. Son de gran calidad.

El coro tiene un techo mudéjar que es de finales del siglo XVI, obra de fray Francisco Benítez. Es un trabajo de gran calidad y enorme belleza. Impresiona. Podría estar en cualquier mezquita Omeya.

Convento

La obra se atribuye al fraile flamenco Jodoco Ricke. En el edifico original hubo cuatro claustros. Ahora sólo hay dos. Había también dos huertas grandes y seis pilas de agua. Colaboraron en la construcción los indígenas Jorge de la Cruz y su hijo Francisco Morocho. Después de Ricke, siguió las edificaciones fray Francisco Benítez, reconocido constructor.

Claustro principal

Edificio

El convento es del siglo XVI en su origen, pero sufrió grandes intervenciones a lo largo de la historia. El claustro principal es un cuadrado de trece arcos en el claustro bajo y alto. Los dos tienen columnas de piedra, pero los arcos son de mampostería. La fuente octagonal a mitad del patio es de alabastro. En un segundo claustro, sin arcadas, está el museo. En las esquinas del primer nivel del claustro retablos dorados obra de fray Francisco Benítez, que datan de los primeros años del siglo XVII. Los especialistas afirman que las columnas dóricas del claustro son la primera y más refinada expresión del espíritu renacentista que inspiraba la arquitectura quiteña del siglo XVI.

Fuente de alabastro 

 

Acervo artístico

 

El conjunto, iglesia y convento, cuenta con más de 3500 objetos de arte de los siglos XVI al XVIII de autores europeos y quiteños. En los patios de San Francisco nace la escuela quiteña. Entre las mejores esculturas están:

 

- El bautismo del Señor, Diego Robles, siglo XVI.

- Jesús del Gran Poder, padre Pedro, siglo XVI.

- Traición de Judas, Pampite, siglo XVII.

- Virgen de Quito, Bernardo de Legarda, siglo XVIII.

- El Calvario, Bernardo de Legarda, siglo XVIII.

- San Pedro de Alcántara, Caspicara, siglo XVIII.

- La impresión de las llagas de san Francisco, Caspicara, siglo XVIII.

- Tránsito de la Virgen, Caspicara, siglo XVIII.

- Virgen del Carmen, Caspicara, siglo XVIII.

- San JoséCaspicara, siglo XVIII.    

 

Entre las mejores pinturas están:

 

- Orden terciaria (15 cuadros), Andrés Sánchez de Gallque, siglo XVI.

- Genealogía de la Orden Franciscana, desconocido, siglo XVI.

- San Francisco de Asís, Francisco de Zurbarán, siglo XVII.

- Jesús sentenciado a muerte, Miguel de Santiago, siglo XVII.

- Jesús con la cruz a cuestas, Miguel de Santiago, siglo XVII.

- Jesús cae por tercera vez, Miguel de Santiago, sigloXVII.

- Otras 13 pinturas de caballete, Miguel de Santiago, siglo XVII.

- Verónica limpia el rostro de Jesús, Miguel de Santiago, siglo XVII.

- El descendimiento, Bernardo Rodríguez, siglo XVIII.

- San Camilo de Lelis, Bernardo Rodríguez, siglo XVIII.

- Inmaculada coronada por la Santísima Trinidad, Bernardo Rodríguez, siglo XVIII.

- Los milagros de san Antonio de Padua (12 cuadros), Bernardo Rodríguez, siglo XVIII.

- La vida de San Francisco de Asís serie que consta de 27 lienzos de grandes dimensiones, atribuidos a diferentes artistas, que se encuentran en los corredores del primer nivel del claustro principal.

 

Entre el primero y segundo patio frescos con dos San Cristóbal, uno del siglo XVIII y otro del XIX.

 

Capilla de Cantuña

 

La entrada está por el atrio de la iglesia hacia la izquierda si uno está de frente. De las dos que existen es la que está más cerca de la calle.

 

Historia

 

Está dedicada a la Virgen de los Dolores y de San Lucas, el evangelista. En 1581, los franciscanos la entregaron a la Cofradía de la Veracruz de Naturales, que estaba formada por los escultores y pintores indígenas de la ciudad. Estos se dieron a la tarea de convertirla en una joya y lo lograron. Para 1763 los indígenas habían perdido todo derecho. Diversos decretos autorizaron también el culto a la Virgen de los Dolores, patrona de una cofradía también de pintores y escultores, pero mestizos y blancos, que para ese entonces había ganado mayor prestigio.

 

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Según la leyenda recogida por el padre Juan de Velasco, Cantuña fue hijo de Hualca, quien habría ayudado a Rumiñahui a esconder los tesoros de Quito para librarlos de la codicia española. Cantuña, urgido para que revelara el secreto de los bienes utilizados para decorar la capilla dijo que provenían de que había hecho pacto con el diablo. Él fue el gran mecenas de la capilla que lleva su nombre.

 

- Exterior

 

La fachada - portada es un marco en piedra, al centro un arco de medio punto. En la parte superior un frontón triangular cortado y una ventana. El estilo es renacimiento.

 

- Interior

 

La planta es de una sola nave abovedada, con nervaduras salientes y lunetos. Sobre el presbiterio, que con la nave forma un solo cuerpo, descansa una cúpula con una linterna por donde se filtra la luz que llena todo el espacio. En su parte posterior se encuentra la sacristía y, al ingresar a la nave, un coro pequeño al que se llega a través de una escalera colocada a la derecha del ingreso a la capilla.

 

El retablo del altar mayor junto con el púlpito son los elementos más relevantes del espacio. Se atribuyen a Bernardo de Legarda. Es de estilo barroco y hay un claro predominio de los elementos decorativos sobre las imágenes. El magnífico grupo del Calvario, del que forma parte la Virgen de los Dolores, colocado en su nicho central, también se atribuye a este maestro. El artista talló las columnas, paños, friso, cornisa, arco, remate y docenas de exquisitos elementos ornamentales. Las hornacinas y repisas están llenas de esculturas que también son de su autoría. Completó el conjunto dando al nicho central un marco de espejos y plata.

 

Tiene cuatro altares laterales. En la capilla está también la imagen de San Lucas tallada por el padre Carlos. Se considera una de las mejores obras policromadas de la escuela quiteña. Hay también trabajos de Caspicara, entre ellos una de sus obras maestras: La Impresión de las Llagas de San Francisco y escultura de San Pedro de Alcántara, que por mucho tiempo se atribuyó al padre Carlos.

 

Comentario 

Segundo claustro

En 1537, la Orden de Frailes Menores funda el conjunto conventual obra de los franciscanos Jodoco Ricke y Pedro Gosseal. En 1550 comienza la construcción del conjunto conventual que se termina en 1680. A mediados del siglo XVII, fray Antonio Rodríguez, es el responsable de la obra, que también construye la iglesia de Santa Clara. Entre 1651 y 1755 es el período de auge de la OFM que se refleja en el aumento de los bienes artísticos del conjunto. El terremoto de 1755 destruye el arte sonado mudéjar de la nave principal. En 1756 dan comienzo las obras de reconstrucción que terminan en 1809.

El conjunto es muy homogéneo y de enorme belleza. El día que la visitamos los restauradores trabajaban sobre algunos de los altares. El claustro principal es muy bello. El patio, de grandes dimensiones y con la fuente al centro, luce mucho. Se ve muy bien que sea un jardín con palmeras. El segundo claustro donde ahora está el museo es también muy bello.

La cantidad de obras artísticas de la Escuela Quiteña es impresionante, entre otros autores están representados Caspicara; Diego Robles; Bernardo de Legarda; padre Pedro; Miguel de Santiago; Bernardo Rodríguez y Andrés Sánchez de Gallque.

Visitas:

2009; 2017.

Fuentes: