Héctor Reyes 

Al llegar el 2026, México enfrenta un año clave marcado por la implementación de reformas estructurales, un crecimiento económico moderado, persistentes retos en seguridad y una revisión pivotal del tratado comercial con Norteamérica. Proyecciones de organismos como la OCDE, BBVA y Banxico apuntan a un panorama de recuperación cautelosa, con riesgos externos significativos.

Bajo la administración de la presidenta Claudia Sheinbaum, el país busca consolidar avances en bienestar social mientras navega incertidumbres globales, incluyendo la política de Donald Trump en Estados Unidos y el impacto del Mundial de Fútbol FIFA 2026. 

En el ámbito político, 2026 pondrá a prueba la reforma judicial aprobada en 2025, que introdujo la elección popular de jueces y magistrados. Su implementación plena, incluyendo la transición al nuevo órgano administrativo y la integración de tribunales de disciplina, generará debates sobre independencia judicial y eficiencia. La supermayoría de Morena facilitará avances en agenda social, como expansión de programas de pensiones y becas, aunque con restricciones fiscales. La polarización podría intensificarse si surgen controversias en la aplicación de reformas, pero el enfoque en gobernanza transparente buscará mitigar las protestas. Elecciones locales intermedias influirán en el discurso nacional, priorizando la estabilidad institucional.

El nearshoring sigue como oportunidad, atrayendo inversión extranjera pese a la incertidumbre por aranceles estadounidenses. Remesas, superiores a 60 mil millones de dólares anuales, ofrecerán estabilidad, aunque vulnerables a las políticas migratorias de EE.UU. 

El Mundial FIFA 2026, con 13 partidos en México, inyectará hasta 3 mil millones de dólares en turismo, hotelería y servicios, beneficiando ciudades sede como Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey. La coorganización del Mundial con EE.UU. y Canadá ofrece plataforma para soft power, promoviendo imagen cultural y turística, sin embargo, los riesgos incluyen volatilidad cambiaria y presiones por revisiones comerciales.

El Mundial demandará refuerzos en seguridad urbana, con recursos extraordinarios para sedes, potenciando percepción positiva si se gestiona efectivamente.

En el país persisten altos niveles de violencia, con énfasis en reducir extorsiones como prioridad para 2026. La estrategia de Sheinbaum combina atención a causas sociales, inteligencia y fortalecimiento de la Guardia Nacional, logrando reducciones en homicidios dolosos en algunos estados. 

Otro gran reto es sanear el colapsado sistema de salud, dejar de estigmatizar para garantizar el abasto de medicamentos. Debe de haber una verdadera inversión en este sector.

Se debe alentar la construcción, mantenimiento y funcionalidad de clínicas, laboratorios y hospitales. Contratar personal para satisfacer la demanda de derechohabientes. Nunca tendremos un sistema como el de Dinamarca, pero los mexicanos merecen un servicio digno y eficiente de salud.

En relaciones internacionales, el foco central será la revisión del T-MEC en julio 2026, un proceso de alto riesgo bajo la administración Trump. Demandas estadounidenses por controles en inversiones chinas, migración y drogas podrían llevar a renegociaciones tensas, amenazando exportaciones por más de 400 mil millones de dólares. México priorizará la diplomacia pragmática para preservar beneficios, diversificando hacia Europa y Asia. 

Hay retos importantes, pero, también hay ganas de hacer las cosas, sin duda.

El 2026 ofrece a México oportunidades de crecimiento inclusivo y visibilidad global vía el Mundial y consolidación de reformas, pero exige navegación hábil ante presiones externas y desafíos internos. Diálogo y políticas equilibradas serán esenciales para el avance que todos deseamos.

Buen fin de semana, la frase: No te quedes esperando a que pase algo, levántate y haz que pase. ¡Ánimo!

 

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