Salvador Hernández Vélez
Jon Fosse es premio Nobel de literatura 2023. Noruego. Se le considera uno de los autores más valiosos de nuestro tiempo. Sus obras son difíciles de catalogar. La experimentación de su lectura es única, de una prosa sencilla que simplemente te atrapa. Cuando le otorgaron el Premio Nobel, lo compararon con Samuel Beckett, Franz Kafka. Georg Trakl y Thomas Bernhard.
Trilogía es un libro que, al irlo leyendo te pierdes y tienes que volver atrás para agarrar el hilo. Uno no está acostumbrado a este estilo, el ritmo es suave e inesperado, con cambios constantes. Las reiteraciones como tonos musicales repetidos confirman lo que dice el autor: "Para mí escribir es escuchar, es un acto más musical que intelectual". En las simplezas y en los cambios de ritmo está la complejidad del estilo. Esta cualidad lo hace incomparable. Muchas veces, tuve que regresar y releer, para ubicarme ¡Tiene estilo excepcional! Los silencios marcan el contenido, la forma y el cambio de ritmo de la trama. En palabras de Fosse: esta unidad entre forma y contenido es necesaria para un buen texto.
Trilogía arranca con una joven pareja (Alida y Asle), ella embarazada, buscan piso en un nuevo lugar (Bjørgvin). Están huyendo de su tierra natal Dylgja, aunque al principio se indica que huyen de un pasado y un lugar del que no sabemos casi nada. "Pasado" y "lugar" se van esclareciendo de salto en salto, de párrafo en párrafo, Fosse va dibujando el pasado de los jóvenes, mezclando situaciones y brincando de una a otra, del pasado al presente y del presente al pasado, una narrativa casi cuántica donde la energía no se emite de forma continua.
Señalo cuántico porque en el mundo subatómico "las partículas pueden estar en superposición, existiendo en múltiples estados o posiciones a la vez, a diferencia de la física clásica". El autor a lo largo de su Trilogía va dando, en cierta forma, saltos cuánticos, como los cambios de un electrón entre niveles de energía, se hacen sin pasar por estados intermedios, sin dejar trayectorias, así va avanzando el autor, de tal forma que no nos damos cuenta de estos saltos ni de cambios en la narrativa; por eso hay que regresar a leer con más calma para ubicar la lectura. Cito un fragmento:
"Asle y Alida caminaban por las calles de Bjørgvin, Asle llevaba al hombro dos hatillos con todo lo que tenían y en la mano la caja con el violín que había heredado de su padre Sigvald, Alida llevaba dos bolsas de comida, y hacía dos horas que daban vueltas por las calles de Bjørgvin buscando alojamiento, pero parecía imposible alquilar nada en ningún sitio, no, decían, lo lamentamos, decían, no tenemos nada para alquilar, lo que tenemos ya está alquilado, así decían, y Asle y Alida tenían que seguir dando vueltas por las calles, llamando a las puertas para preguntar si tenían habitaciones libres, ... " Así empieza el primer apartado Vigilia de Trilogía.
Además de lo que el narrador relata, lo que más llama la atención, es la forma en cómo lo narra, sin puntos y el uso de repeticiones. La forma de contar las situaciones hace que la obra en sí sea diferente a otras escrituras. Esa manera de relatar obliga a quien lee la novela a ser cuidadoso con los detalles, el autor te obliga a leer poco a poco, sin prisas, en pausas para conectar los detalles. La novela tiene pues muchas capas entrelazadas y muchos dobles sentidos.
En un mundo donde la prisa manda, el estilo de lectura de Fosse, hacerte leer las mismas palabras y frases una y otra vez, y lograr que no te desesperes, sino que te concentres en tratar de entender la novela, la convierte en una obra necesaria para repensar nuestros hábitos apresurados de nuestra vida cotidiana. Para leer Trilogía tienes que jugar con las reglas de Fosse, hay que aceptar su ritmo y dejar afuera el mundo estructurado con sus puntos y comas. Como lo dice Fosse: "Con esta historia entendemos que significa la indefensión y nos hacemos conscientes de la mirada despiadada de la sociedad, pero también revivimos de forma exquisita el primer amor, la experiencia de empezar la vida". Leer Trilogía es entrar en una respiración ajena y escuchar el silencio. En tiempos de inmediatez, Fosse propone un acto de resistencia al no explicar linealmente su mundo, sino que nos obliga a demorarnos y sentir su latir en cada enunciado.


