Enrique Escamilla Cantú

En el mundo empresarial mexicano, la estabilidad rara vez ha sido la norma. Las empresas del país han aprendido a operar entre ciclos económicos, cambios regulatorios, transformaciones políticas y shocks externos. Sin embargo, el momento actual combina varios factores al mismo tiempo: inflación reciente, reconfiguración de cadenas globales, tensiones comerciales, cambios regulatorios y un entorno político que obliga a tomar decisiones estratégicas con un margen de incertidumbre mayor.

En este contexto, el liderazgo empresarial está evolucionando. Las empresas que logran avanzar hoy no necesariamente son las más grandes ni las que operan en los sectores tradicionalmente más fuertes, sino aquellas capaces de leer el entorno con rapidez y ajustar su estrategia sin perder rumbo.

 

Un entorno económico más volátil

La economía mexicana ha mostrado resiliencia en los últimos años, aunque también señales claras de dinamismo. Según datos del INEGI, el Producto Interno Bruto de México creció 3.2 % en 2023 y alrededor de 3.1 % en 2024, mientras que los primeros datos disponibles de 2025 muestran un crecimiento moderado en línea con la desaceleración observada en la economía global. Este desempeño sigue estando impulsado principalmente por manufactura, comercio y servicios vinculados a exportaciones.

Parte de este desempeño se explica por la creciente integración de México en las cadenas productivas de América del Norte. El fenómeno conocido como nearshoring ha vuelto a colocar al país en el radar de empresas globales que buscan relocalizar producción fuera de Asia. De acuerdo con cifras de la Secretaría de Economía, la inversión extranjera directa en México alcanzó 36,872 millones de dólares en 2024, el nivel más alto registrado en el país hasta ese momento. Para 2025, los flujos ya sumaban 40,906 millones de dólares entre enero y septiembre, lo que apunta a un nuevo récord impulsado principalmente por manufactura, logística e industrias vinculadas al fenómeno del nearshoring.

Para muchas empresas mexicanas, este contexto abre oportunidades claras, pero también implica decisiones más complejas: ampliar capacidad industrial, invertir en automatización, fortalecer proveedores locales o desarrollar talento técnico que acompañe el crecimiento de la industria.

 

Decidir sin todas las respuestas

Uno de los rasgos más visibles del liderazgo empresarial actual es la necesidad de decidir aun cuando el panorama no es completamente claro. A diferencia de otras etapas, en las que los ciclos económicos eran más previsibles, hoy varios cambios ocurren al mismo tiempo.

Las tensiones comerciales entre Estados Unidos y China, la transición energética, la digitalización acelerada y las nuevas políticas industriales en distintas economías están redefiniendo sectores completos. En ese escenario, esperar a que el entorno se estabilice puede significar quedarse atrás.

El Banco Mundial, en su informe Global Economic Prospects 2024, advierte que la economía global atraviesa uno de los periodos de crecimiento más débiles de las últimas décadas fuera de una recesión. En contextos así, las empresas que mantienen dinamismo suelen ser aquellas que diversifican riesgos, ajustan su estrategia con rapidez y conservan disciplina financiera.

Estrategia y adaptación

Frente a este panorama, muchas empresas mexicanas están replanteando sus prioridades. Durante años, el crecimiento empresarial estuvo ligado a expansión territorial o aumento de capacidad productiva. Hoy se observa mayor énfasis en productividad, eficiencia operativa y desarrollo de talento.

En sectores integrados a cadenas globales de valor —como la industria automotriz, la electrónica, la logística o ciertos servicios tecnológicos— la competitividad depende cada vez más de procesos, innovación y capital humano.

Entorno institucional y confianza

El entorno institucional también influye en la forma en que las empresas toman decisiones. La estabilidad regulatoria, la claridad en las reglas económicas y la continuidad de políticas públicas influyen directamente en la confianza de inversionistas y empresarios.

De acuerdo con el informe Subnational Doing Business in Mexico 2022 del Banco Mundial, las regiones con marcos regulatorios más claros y menores costos administrativos para abrir y operar empresas suelen atraer mayor inversión privada y sostener ciclos de crecimiento más largos.

Para quienes dirigen empresas, esto significa que la estrategia no puede limitarse al interior de la organización. También requiere observar cómo evolucionan las políticas públicas, la regulación y el entorno institucional en el que operan los negocios.

Organizaciones más sólidas para entornos inciertos

En este contexto, el liderazgo empresarial tiende a apoyarse cada vez más en estructuras organizacionales más formales. Consejos consultivos, planeación estratégica, métricas claras de desempeño y equipos directivos más profesionalizados se han vuelto herramientas comunes en empresas que buscan consolidar su crecimiento.

Estas estructuras no eliminan la incertidumbre, pero sí permiten enfrentarla con mayor capacidad de análisis y coordinación interna.

Mirar hacia adelante

México atraviesa un momento en el que conviven oportunidades relevantes con desafíos estructurales. La reorganización de las cadenas productivas globales puede fortalecer a la industria nacional, pero también exige niveles más altos de productividad, innovación y capital humano.

En ese escenario, el liderazgo empresarial no se mide únicamente por la capacidad de crecer cuando el entorno es favorable. Se observa, sobre todo, en cómo las empresas toman decisiones cuando las condiciones cambian.

Las organizaciones que construyen visión de largo plazo, capacidad de adaptación y disciplina estratégica suelen ser las que encuentran espacio para avanzar incluso en entornos inciertos.