IMG_9176.jpeg“Los retratos de la víspera, tan del gusto de Armandina, debieron haber sido arrancados en cuanto el poder dejó de ser suyo -a partir, supuso, del primer minuto de ese día desapacible por el viento del huracán que desde la madrugada atacaba las costas orientales.

‘Ayer todavía estaban’ y los recordó, mientras volvía de palacio a los Arcos con su mujer, en los muros de los edificios, sobre los grandes paneles en los que se anuncian bancos y cervecerías, fábricas de pan y embotelladoras de refrescos. Los buscó ondeando en los mástiles de las plazas públicas y jardines municipales. Tampoco los halló en los amarillos postes del alumbrado que definían los meandros de la Vía Rápida de Superficie Presidente Gomez Anda por la que avanzaba, sin descubierta de motociclistas, ni retaguardias de sedanes negros, con guardaespaldas, el antiguo Mercedes Blanco de don Aurelio. ‘No esperó mucho para empezar a joderme, el hijo de puta’ y dentro de la boca oyó el rechinido de sus muelas falsas.”

Con esos primeros párrafos inicia el escritor Luis Spota “El primer día”, la novela de la corrupción, de la soledad, de la ingratitud, de la ignorancia y la venganza de un hombre que después de ser Presidente se convierte en el ser más vulnerable e indefenso objeto del canibalismo político que un día lo encumbró y ahora lo hace víctima del nuevo Mandatario que intenta borrar todo rastro de su periodo.

Tal vez vivimos tiempos diferentes a los que relata Spota, pero tal vez la esencia de algunos actores políticos siga siempre siendo igual.

He estado pensando en el caso del hijo del ex presidente Andrés Manuel López Obrador, me refiero a Andrés Manuel López Beltrán.

¿Por qué pasar de ser un joven brillante, y requerido por mucha de la clase política de su partido, dentro de Palacio Nacional, a pasar a ser el receptor de la culpa de los recientes fracasos, una vez estando fuera de Palacio?

Los principales fracasos atribuidos a Andrés Manuel López Beltrán se concentran en su gestión como operador político y directivo en Morena, la pérdida de comicios clave, y la acumulación de polémicas por presunto tráfico de influencias.

Se le atribuye la derrota en las elecciones de Durango (2025): Como estratega y encargado de los comicios locales en dicho estado, sufrió una derrota contundente frente a la oposición, lo que debilitó de inmediato su imagen de operador infalible.

Se le responsabilizó directamente de la escasa participación ciudadana en los comicios para jueces y magistrados, un proyecto prioritario del movimiento de la autollamada “Cuarta Transformación".

 

En la crisis interna en Veracruz: Enfrentó severos reclamos y fricciones internas con militantes de Morena debido a los malos resultados y la pérdida de terreno electoral en bastiones clave del estado.

Registró baja convocatoria en movilizaciones territoriales de Coahuila y llegó a ser abucheado públicamente por opositores al aterrizar en Chihuahua para encabezar eventos de partido.

Eso son solo algunos ejemplos. Entre paréntesis, no dudo que López Beltrán adelantó su salida, como dirigente de Morena, para evitar que la próxima elección que se celebrará en Coahuila le fuera ser anotada como uno más de sus fracasos.

¿Qué tanto fue su capacidad política personal y qué tanto fue su nueva circunstancia?, seguirá siendo tema de análisis.

Lo cierto es que estar cerca del centro de gravedad político facilita la resolución de problemas, el acceso a recursos y la priorización de agendas, vital para cualquier político.

La cercanía al poder funciona como un imán que transforma posturas y lealtades.

El problema llega cuando esa condición de cercanía con el poder político termina.

José Vega Bautista

@Pepevegasicilia

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