Back to Top

contacto@nuestrarevista.com.mx

headerfacebook headertwitter
 

El Mundial ya había pasado por Saltillo… y esta vez podría quedarse un rato

1.1.jpg

Roberto Zúñiga Vega
Yo tenía tres años cuando la selección de Inglaterra entrenó en Saltillo.

O al menos eso me dicen mis recuerdos, que a esa edad son más bien imágenes borrosas mezcladas con historias familiares repetidas tantas veces que uno termina sintiendo que sí las vivió con total claridad.

Lo que sí recuerdo —o quiero creer que recuerdo— es a mi papá llevándonos a mi hermano y a mí al Estadio del Tec Saltillo, ahí por Avenida Universidad, muy cerca de donde vivíamos entonces. Seguramente para él era una salida cualquiera de papá con hijos; para nosotros, una aventura. Lo que nadie imaginaba era que, sobre ese pasto bastante maltratado y muy lejos del glamour futbolístico actual, estaba entrenando nada menos que la selección inglesa rumbo al Mundial de México 86.

Entre ellos, Gary Lineker, que terminaría siendo campeón goleador del torneo. También Peter Shilton, histórico arquero inglés que poco tiempo después viviría una de las tardes más frustrantes de su carrera frente a Diego Armando Maradona.

Porque sí: debe doler recibir probablemente los dos goles más famosos de la historia en un mismo partido.

sombrero_2.jpgTambién estaba Portugal en Saltillo, hospedada en el Hotel La Torre, mientras Inglaterra se quedaba en el Camino Real. Se dice que algunos jugadores aprovecharon para pasearse por la ciudad. Quiero pensar que alguno terminó en el Centro Histórico, preguntándose qué pedir de comer o si un caldo de res en el Mercado Juárez contaba como preparación de alto rendimiento.

Eran otros tiempos.

No recuerdo oleadas de turistas internacionales. Pero claro, en 1986 viajar no era precisamente tan sencillo como hoy. No había redes sociales, no existía eso de compartir en tiempo real dónde desayunaste, qué museo visitaste o qué calle te pareció digna de foto. El Mundial era enorme, sí, pero no tenía la dimensión global, inmediata y omnipresente que tiene ahora.

Y por eso 2026 se siente distinto.

3.1.jpgPorque aunque Saltillo no será sede oficial, sería un error pensar que eso nos deja fuera de la conversación.

Monterrey recibirá cuatro partidos del Mundial: tres de fase de grupos y uno de eliminación directa que, si el futbol decide portarse bien con nosotros, podría regalarnos algo como un Holanda contra Brasil. Nada mal.

Y ahí es donde Saltillo entra con ventaja.

Porque para muchos visitantes internacionales —suecos, japoneses, coreanos, tunecinos o simplemente aficionados que anden siguiendo la ruta mundialista— nuestra ciudad puede ser exactamente ese descubrimiento inesperado que hace memorable un viaje.

A veces olvidamos que lo cotidiano para nosotros puede ser extraordinario para alguien que viene del otro lado del mundo.

Un centro histórico bonito y caminable —algo que, siendo honestos, no abunda en ciudades del norte del país—, museos, gastronomía, vino, paisajes semidesérticos, una ciudad segura, ordenada y amable.

Sí, uno aquí a veces lo da por hecho.

Pero no lo es.

Y además, Saltillo llega a este momento con algo que ayuda mucho: ambiente futbolero.

Lo de Saltillo Soccer no es poca cosa. Un estadio lleno, un campeonato nacional, un ascenso asegurado y una ciudad que volvió a abrazar a su equipo. El futbol local volvió a conectar con la gente, y eso se siente.4.jpg

A eso súmele que la ciudad ya prepara su propia fiesta mundialista con el FutFest.

Y no será poca cosa. El FutFest busca convertir durante varias semanas a Saltillo en un punto de encuentro para quienes viven el futbol como religión… o como buen pretexto para reunirse. Partidos en pantalla grande, conciertos, torneos amateurs, actividades familiares, comida, souvenirs y ese ambiente que solo genera un Mundial, donde de pronto uno termina opinando con absoluta seguridad sobre selecciones que jamás había visto jugar.

Lo interesante no es solo el evento en sí, sino lo que representa: una ciudad que entendió que el Mundial también puede vivirse desde aquí.

No tendremos a las selecciones entrenando en Saltillo esta vez.

Pero sí podríamos recibir algo igual de valioso: a quienes vienen persiguiendo la emoción del Mundial.

Y quién sabe.

Capaz dentro de cuarenta años alguien escriba que de niño su papá lo llevó a vivir el ambiente mundialista en Saltillo… sin saber que estaba construyendo un recuerdo para toda la vida.

 

Instagram: @robertozvegaa

Saltillo a pie: la ciudad donde el recorrido se alarga solo

1_BP.jpgRoberto Zúñiga Vega

Saltillo a pie: el arte de recorrer una ciudad que no tiene prisa (y tampoco la necesita)

 

Hay ciudades que se visitan con mapa.
Y hay otras —como Saltillo— donde el mapa termina siendo una sugerencia amable.

 

Porque basta poner un pie en el Centro Histórico para entender que aquí el recorrido no se sigue: se deja llevar.

 

Recientemente, Saltillo fue reconocida con el premio “Ciudad de Excelencias” en el Tianguis Turístico 2026. Y aunque el nombre suena a galardón que se presume en discurso, en este caso tiene una ventaja: se puede comprobar caminando.

 

 

 

2_BP.jpgDonde todo empieza: caminar sin prisa (y sin pendiente)

 

El Centro Histórico tiene esa cualidad que ya no es tan común: permite caminar.

Y no solo porque es bonito —que lo es—, sino porque se siente seguro.
Saltillo se mantiene como la capital más segura del país, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU). Traducido a la vida real: uno puede recorrer sus calles sin esa prisa invisible que a veces acompaña a otras ciudades.

Pero hay otro detalle que vale la pena mencionar: en el norte del país, donde muchas ciudades crecieron rápido y hacia afuera, no siempre es fácil encontrar centros históricos que se conserven y se disfruten.
Saltillo es una de esas excepciones. Un centro que no solo existe, sino que se usa, se camina y se vive.

 

La Catedral de Santiago aparece como punto de partida natural. No hace falta acordarlo: simplemente pasa.
Y a unos pasos, la Plaza de Armas cumple su función histórica y contemporánea: ser el lugar donde todo converge… y donde nadie parece tener urgencia de irse.

 

3_BP.jpgMuseos: una ciudad que se cuenta bien a sí misma

 

Algo ocurre en el Centro Histórico de Saltillo: los museos no interrumpen el recorrido, lo acompañan.

El Museo de las Aves de México, con más de 3,000 ejemplares que representan gran parte de las especies del país, logra que incluso quien “solo iba a entrar un momento” termine quedándose más de lo previsto.

A unos pasos, el Museo de los Presidentes Coahuilenses recuerda que de este estado han salido cinco figuras que llegaron a la presidencia. No es un dato menor… ni una conversación corta.

El Museo de la Cultura Taurina ofrece otra perspectiva, mientras que el Museo del Sarape y Trajes Mexicanos conecta con una identidad que aquí no se explica demasiado: se reconoce.

 

 

 

4_BP.jpgComer en el centro: cuando el recorrido hace una pausa… y nadie se queja

 

En algún momento, el recorrido por el Centro Histórico cambia de tema.
Sin aviso, la conversación pasa de “¿a dónde vamos?” a “¿dónde comemos?”.

Opciones no faltan.
Güicho y Mina propone una cocina mexicana que viaja por el país sin salir de la mesa, mientras que Las Delicias de Mi General convierte la experiencia en algo más sensorial que gastronómico.

Tavola aporta un enfoque contemporáneo —con una panadería que fácilmente retrasa cualquier plan—, y espacios como Amore Mío o Tribbiani's recuerdan que el antojo también puede viajar.

 

 

 

5_BP.jpgLa tarde en el centro: el arte de quedarse (y de moverse)

 

Al caer la tarde, el Centro Histórico revela otra de sus virtudes: es ideal para hacer bar hopping sin que parezca un plan complicado.

Todo queda cerca. Todo invita.

Se puede empezar en Bronco Bar, con su estilo de cantina indie/TexMex, seguir en La Puerta del Cielo, donde el ambiente relajado permite que la noche avance sin prisa, y continuar en Cervecería Huérfana, donde la cerveza artesanal se toma en serio… pero sin solemnidad.

También está El Patio Azul, que combina mezcal, coctelería y cocina mexicana en una fórmula que funciona mejor de lo esperado.

Y entre una parada y otra, lugares como Cerdo de Babel o Diente de León aparecen como puntos donde la conversación se alarga… y el tiempo deja de importar.

 

 

 

 

 

6_BP.jpgLo que se siente (aunque no siempre se diga)

 

Hay algo que se repite a lo largo del recorrido: la ciudad funciona.

Parte de esa percepción tiene que ver con la conducción actual del gobierno municipal, encabezado por Javier Díaz González, cuya administración ha puesto énfasis en seguridad, orden y calidad de vida.

No es un dato técnico.
Es algo que se traduce en lo más básico —y más valioso—: poder caminar, detenerse, entrar, salir… y seguir.

 

Una ciudad que no necesita exagerar

 

El Centro Histórico de Saltillo no intenta impresionar con ruido.
No necesita exagerar.

Prefiere algo más efectivo: ser coherente.

El reconocimiento como “Ciudad de Excelencias” confirma lo que el visitante descubre por su cuenta: una ciudad que se recorre fácil, se disfruta sin esfuerzo y, sobre todo, se queda en la memoria por razones que no siempre se pueden explicar… pero que sí se pueden repetir.

Porque al final, lo que parecía una caminata breve termina siendo —sin mucho aviso— un día completo.

Y en Saltillo, eso no es accidente.

 

 

Instagram: @robertozvegaa

Fotografías: Ana Bebu